Lapacho, amapolas, jacaranda
Me gustarĂa, amor
poder pintar tu sonrisa con mis colores favoritos
esos que aparecen en la ciudad cuando la primavera
toca la puerta
y florecen
el lapacho, las amapolas, el jacarandá.
Pero mi paleta es otra:
lleva el gris de las noches donde espero tus cartas,
lleva el silencio que se desliza como un animal oscuro
bajo la lengua.
Escribo para ti,
como quien arroja una botella al mar
sin saber si el oleaje devolverá el gesto.
En cada palabra dejo una grieta,
un temblor,
un espacio en blanco que te nombra
sin nombrarte.
A veces imagino que tus manos
rozan la tinta antes de que seque,
que tu sombra se inclina sobre estas lĂneas
y que entonces no estoy sola:
somos dos fantasmas conversando en la penumbra.
Amor,
yo no sé si la distancia es un cuerpo
o si es apenas una manera
de decir que me falta el aire.
Tampoco sé si mis colores alcanzan
para que veas la luz donde yo sĂłlo veo cicatrices.
Quisiera pintar tu sonrisa,
sĂ,
pero se me quiebra el pincel en los huesos,
y la primavera me encuentra
con un ramo de ausencias en la mano.














