“Un poco” repite, humedeciendo sus labios entre que los sentidos escuchan, de alguna manera comprende, en esta estadĂa se ha sentido arañando paredes, intranquilo por el reposo del ritmo habitual de vida, el aquĂ para allá habĂa descendido a niveles casi insoportables para alguien adaptado a la vorágine. “Quizá hay algo pensado para adentro del bĂşnker y que las personas no se arrojen por alguna ventana a la tormenta, estoy seguro” comenta al pasar, estirando un poco el brazo diestro de manera distraĂda. La cuestiĂłn no le molesta ni incordia, quizá es muy afortunado o quizá no tiene el hábito de quejarse (no se siente en condiciones de hacerlo). “No me incomoda” inicia, dedicando una sonrisa que busca tranquilizar cualquier apresurada idea formada en la mente de la muchacha. “Pero no, casi nunca estaba solo, doncellas, mis hermanos, trabajadores del palacio, inclusive muchas veces venĂan hijos de amigos de mi padre o madre” los dos Ăşltimos a veces podĂan carecer de una total plenitud de sus responsabilidades, quizá alguna hora de juego no respondida, quizá algĂşn momento quedando bajo algĂşn acto o labor, pero en absoluto eran figuras ausentes, Uriah se acostumbrĂł demasiado rápido a su realidad. Inclusive a veces le molestaba la gran cantidad de seres persiguiĂ©ndolo, principalmente por motivos de salud más que por naturalidad. No va a negarlo, sabe que tuvo suerte, sobre todo en comparaciĂłn a, por ejemplo, la crianza de su propio progenitor, muy distinta a la que Ă©l decidiĂł darle a cada uno de sus hijos y linaje. “¿TĂş, de pequeña estabas sola, hm?” pregunta de vuelta, curiosidad asomando en la mirada avellana antes de dedicar un asentimiento y comenzar la caminata, linterna sin soltarse ni apagarse. “Seguro, Âżllevas algo de hambre? No soy un gran cocinero, pero sĂ© hacer decentes emparedados, sabes” invita, por su parte el estĂłmago comienza a pasar factura de los dĂas de inestable alimentaciĂłn.Â
--- Supongo que habrán pensado en eso ---querĂa pensar que asĂ era, pues de otra forma la estadĂa en el bĂşnker resultarĂa ser una verdadera tortura. AsintiĂł un par de veces a medida que el prĂncipe heredero respondĂa, preguntándose si aquello era lo que realmente sentĂa o pensamientos impuestos para bloquear una realidad que, quizás, resultase ser no tan agradable como la pintaban. ApretĂł sus labios en una delgada lĂnea, meditando cuál serĂa su respuesta a la pregunta que se le habĂa dirigido---. No realmente ---soltĂł, bajando la mirada a sus pies andantes---. Siempre estuve rodeada de personas... A menos que no lo haya querido, por supuesto ---pues a veces simplemente no le apetecĂa entablar una conversaciĂłn con otros y el tiempo a solas era necesario, como para cualquier otra persona---. En clases siempre estaba rodeada de mis amigos, cuando volvĂa a casa solĂa jugar con mis vecinos en la calle y en el teatro siempre habĂa alguien que se acercaba a conversar ---agregĂł con un encogimiento de hombros acompañándole---. Y ni hablemos de mis cuatro diablillos... Mis hermanos ---una sonrisa inevitable se dibujĂł en su rostro al acordarse de sus hermanos menores, con quienes pasaba tantas horas que podrĂa hasta resultar abrumador de vez en cuando. Ante el comentario del heredero, carcajeĂł---. Suena como una gran oferta ---bromeĂł, volviendo la mirada hacia Ă©l---. Y agradecerĂa el emparedado, llevo horas sin probar bocado ---y por supuesto se debĂa a que se la habĂa pasado deambulando por los pasillos, como ya era de costumbre---. ÂżY cuál es el emparedado que es la especialidad del chef? ---preguntĂł con comicidad en la voz.