Le es inevitable no teñir los ojos en blanco, aún cuando persiste en ella la diversión, reacción que aún considera rara considerando falsas expectativas (siempre negativas) con respecto a cualquiera del núcleo monárquico. “Estoy temblando” sentencia, con dramatismo notable en su tono de voz. “Ah, pensé que con alguna clase de guardia o algo así que se podría haber ofrecido, hm” suelta pensativa. “Es un buen método, mentiría si dijera que no lo uso” admite al unísono de una lenta curvatura, aquella era la mejor manera de escapar de los brazos molestos de las figuras fraternas en casa, por ejemplo, la mayoría de las veces rendía frutos. “Tómalo como quieras” responde, con falso misterio empleado en su tono de voz, entretenida de sobre manera con la simple idea e imagen de enfrentarse a la muchacha, una idea de lo más paradójica, cabe destacar. “Ay, no te imaginaba así de sucia” exagera, dejando finalmente que una risa escape de entre sus labios, una genuina, que no se esfuerza en fingir o buscar volver creíble para un auditorio de inocentes. “Pero debe también ser con apuestas de por medio, que nuestros espectadores terminen siendo fanáticos” decide añadir, mandando al diablo mismo la seriedad en la potencial pelea, pausada al momento de añadir. “Yo estoy segura de que el Capital Report sueña con algo así, aunque claro, seguramente lo imaginaban entre dos seleccionadas y alguno de tus primos sentado en un trono viendo a sus contrincantes enfrentarse” habla con soltura, dejando que la broma (que después de todo tan ficticia y falsa no es en cuanto a las expectativas de aquel pequeño espacio de rumores y noticias superfluas). “No realmente… aunque entiendo que no eres la única que está con esos nervios, mi doncella decidió tomar un té de tila para mejor dormir” o más bien, Pandora le obligó, no soportaba la tensión en la mujer, una consecuencia natural dado el ataque acontecido, la oscuridad sólo alimentaba el peor lado de su imaginación temerosa. “De salir algo o alguien las dos dijimos que podemos defendernos, sea que quiera abrazarnos o comernos, podemos combatirlo” habla como si se tratase de una clase de pacto, juramento de protección o complicidad. “Digamos que estás en modo prueba, puedo despedirte en cualquier momento” decide replicar, tono solemne, asintiendo de manera fugaz antes de continuar encaminándose hacia destino deseado.
Una nueva y pequeña sonrisa se formó en su rostro, pero la hizo desaparecer a la brevedad, entrecerrando los ojos hacia su acompañante. “¿No le tienes miedo a nada, eh? No puedes ser tan ruda como lo haces parecer” lo puso en duda, quizás, sólo para molestar a la contraria. “El casamiento, por ejemplo, ¿no te da miedo?” y la elección de su sugerencia no era accidental, sabía que era un posible miedo al que tendría que hacer frente si la selección terminaba con ella como ganadora. “Se supone que están demasiado ocupados como para prestarse para una clase. Se supone, ¿no?” insistió, encontrando entretenimiento en la pasajera crítica a los uniformados. “De acuerdo, la próxima vez te prestaré mi ropa deportiva, no creo que sea justo que luches en un vestido diseñado por tus doncellas” negó con la cabeza, como si los planes fueran reales y completamente serios. “El barro tiene efectos beneficiosos sobre la piel, y ayudará que tenga ganas de ensuciarte, me incentivará a ser agresiva” se excusó. Y ante lo siguiente que la oyó decir, dejó escapar una pequeña risa. “Todas las apuestas irían a ti, incluso yo apostaría por ti. Pero también sospecho que te dará pena golpearme, cuento con la ventaja de la piedad” se mostró segura, aunque no tuviera razones para estarlo. “Podríamos optar por guardar en secreto las razones por las que nos peleamos, actuar por una semana como si fuésemos enemigas mortales y juntarnos en secreto a divertirnos por los rumores que surjan” y por un momento se dedicó a considerar cuáles podrían ser los titulares del famoso programa de chismes, olvidando por completo que debía estar asustada o nerviosa por la situación en la que se encontraban. “’Es Lady Meilani una celópata posesiva con sus primos, y Pandora una amenaza para ella?’” entrecerró ligeramente los ojos. “¿O crees que pensarían que tenemos un interés común en alguien externo a la realeza? Tal vez creen que vestimos el mismo atuendo para una fiesta y nos odiamos de por vida, porque ya sabes, no hay razones más coherentes por las que podrían sospechar que nos peleamos” negó ligeramente con la cabeza. Los chismes solían limitarlas, a ellas, como mujeres, a cosas así de superficiales. Y si no era el caso, normalmente se relacionaban con un hombre; sucedía todo el tiempo con las seleccionadas y otras féminas que pertenecieran al círculo social de los príncipes. “¿Me harás un té, entonces?” inquirió, aunque fuese perfectamente capaz de hacérselo ella misma. “¿Comernos, dices? Entonces sí consideras que pueda aparecer el Coco, después de todo” encontró un triunfo donde quizás no lo había, y al hacerlo desplegó una sonrisa divertida. “De acuerdo, no voy a decepcionarte. ¿Hay algo que sí o sí deba evitar?”