Perdóname por este egoísmo voraz,
por saber que debería soltarte
y, sin embargo, rendirme al impulso de quedarme.
Me niego rotundamente a renunciar a tus caricias,
a esa electricidad exacta que me eriza la piel
y me ha vuelto una adicta insaciable de tu tacto.
Me niego a perder tus miradas,
porque en el abismo de tus ojos
se descifran verdades que las palabras jamás sabrán nombrar.
Me niego a perder el mapa de tu cuerpo,
porque es entre tus lunares
donde naufrago y encuentro mis constelaciones favoritas.
Me niego a soltar tu atención,
cuando tú posees, sin esfuerzo, la totalidad de mi alma.
Me niego a perder tus silencios,
esos únicos refugios donde por fin se apaga el ruido de mi mente.
pero me niego a renunciar al veneno de tus besos,
esa mezcla exacta de dulce tentación, peligro y adrenalina.
Pero tú, solo tú, sostienes el peso de este pacto implícito.
Porque no importa cuán distintos parezcamos al mundo:
hay una complicidad oscura, una coincidencia exacta
en el engranaje de nuestras mentes retorcidas.
pero hoy, este egoísmo de tenerte
es la única soga que me ata desesperadamente a ti.