Me siento extraña. No sé en que sentido decirlo. Al principio iba por algo carnal, de urgencia, del fuego que palpitaba en la cabeza entre mis piernas. Debo decir que sí me importa con quién lo hago. No lo haría con aquellos tres chicos que me piden corresponderles, no lo haría con quien me encuentre en la fiesta.
Lo hago contigo, porque en silencio te quiero, porque me gustas. Y de alguna manera no quiero aceptar que me enamoro de ti. Siempre, siempre, siempre, termino encontrandome con chicos raros.
Sí eres raro, pero en el buen sentido. Tienes una diferente manera de pensar, me gustan tus abrazos, besos, me haces reír. Y aún cuando a veces siento que me odias, me gusta pasar el día contigo. Siento una enorme barrera entre tu y yo, es agradable cuando ambos asomamos la cabeza para poder hablarnos sin barreras. Se me quita lo incómoda cuando me hablas, cuando me dices tu verdad. La típica pregunta, pero ¿quién te hizo tanto daño? Puedo prometerte que tengo un corazón enorme y una gran empatía, aprovechate de mí, pero prometo que no te haré daño.
Te beso, me besas, me quitas la blusa y yo tu playera. Y como peces en el rio nos mezclamos entre nuestra saliva. Nos vamos a tu cuarto. Todo va bien, nos protegemos, te preocupa venirte antes. No hay problema, tengo paciencia, no te juzgo. Te viniste.
Me digo constantemente, relajate y dejate llevar. Soy igual de molesta como las personas que hablan durante la película, ahora no es necesario, nos damos pequeños besos, veo como juegas dos veces a quitarte. Ahora yo termino. Sigo jugando contigo.
Volvemos a intentarlo. Lo hacemos. Te veo desde lejos, como si tuvieras miedo a aplastarme. Se siente diferente a otras veces. Me sonríes. Te miró y solo cierro los ojos, te agachas a besarme, y me siento bien.
Sí, para ambos está mejor que termines afuera.
Terminamos. Nos acostamos y te quedas dormido. Te miro, deseando que me abraces. Te quiero, te quiero, te quiero; te digo eso con los ojos, en clave morse con mis pestañas. Roncas. Luego extiendes tus brazos y nos quedamos dormidos abrazandonos.
Te acarició la espalda, te acarició el cabello. Juegas con mi cabello, me aprietas el hombro. Nos besamos y cuando tus dientes no me dejan volver a entrar a tu boca, cedo a acostarme. Busco tu boca como niña insolente.
Mientras dormimos, o fingimos, te miro. Me pones nerviosa. Me gustas mucho. No quiero que me gustes. No quiero lastimarme. No quiero hacer incómodo.
Me dices que me asusto muy fácil. Es cierto. Ah, me pones nerviosa. Contigo es diferente, me siento pequeña.
Me comentas que es tu primera vez con alguien que quieres, que es raro, que no quieres que sea banal. Que a ninguna le traías ganas, pero a mi sí. ¿Supongo que es bueno? ¡Hazle caso a la señal!
Me dices que sigues pensando en la chica de hace meses, lo entiendo, lo sospeche; yo me quedo pensando y reflexiono, te comento que yo apenas terminé una relación. Suspiramos.
Te levantas a bañarte. Te digo que me beses más y aunque lo haces, no fueron como antes.
Me siento extraña. Porque quiero demostrarte mi cariño. Quiero besarte entre cuartos, entre minutos. Mientras te vistes, mientras te bañas. Pero me da nervios y siento la distancia.
Mañana te veo, por favor déjame verte.