Se habĂa negado a negociar esa tarde y habĂa dejado en claro que no querĂa visitas. Razones desbordaban, tenĂa una pila de papeles sobre el escritorio que debĂa firmar y leer, viajarĂa pronto a JapĂłn para elegir a sus futuras trabajadoras sexuales y asuntos de familia que no lo ponĂan de buen humor. Con su especĂfico rostro de pocos amigos enclavijĂł la mirada en la morocha, solĂa verla exclusivamente para cobrar su trabajo o advertirle, más de lo que le gustarĂa, Ăşltimamente. Su guardaespaldas ingresĂł tras la fĂ©mina y alzĂł la mirada para recibir indicaciones, Ahmar negĂł con la cabeza y se concentrĂł en el sobre que viajaba hacia Ă©l. Un billete más o un billete menos no hacĂa la diferencia, pero lo aceptĂł y revisĂł por arriba. “No hace falta Ismaat, retĂrese” el africano que lo escoltaba a casi todos lados se retirĂł de la sala y Ahmar se quedĂł en silencio. Mentalmente sintiĂł la advertencia, cuando Valeria venĂa con ese tono de voz y directa, hervirĂa por dentro.Â
“Dime algo que me guste y te pagarĂ© extra por una vez en tu vida” nada cĂłmico al responderle, se levantĂł de la silla y caminĂł dos pasos hasta ubicarse arriba del escritorio, frente a frente con la prostituta. “Quiero que sepas que las malas noticias las damos nosotros, no una prostituta.” aclarĂł un punto que tal vez para el noventa por ciento de las mujeres que trabajaban para Ă©l ya lo tenĂan impregnado en la mente, pero Valeria era diferente en muchos sentidos, lo sabĂa muy bien. Finalmente, hizo una mueca de disgusto y asintiĂł con desgana. “Prueba, dime que hazaña estĂşpida te has mandado ahora, QUERIDA Valeria”
Ni siquiera sabĂa por dĂłnde comenzar o cĂłmo decirlo sin que sonara precisamente como lo harĂa en la cabeza de su jefe: una cantidad considerable de ganancias perdidas por un descuido estĂşpido. Gracias a su historial limpio de problemas como ese, probablemente la idea ni siquiera estuviese rondando a Ahmar y asĂ hubiera intentado darle alguna pista, la noticia lo tomarĂa completamente por sorpresa. Estaba más que convencida de que no le gustaban las sorpresas.
En una situaciĂłn diferente, no habrĂa experimentado ni una pizca de intimidaciĂłn con la seria mirada de su jefe; conocĂa sus modos y se habĂa acostumbrado por completo a su carácter. Sin embargo, el hecho de no saber cĂłmo reaccionarĂa a algo como eso la estremecĂa con cada palabra mencionada por este.Â
“Y tĂş sabes que no soy cualquier prostituta.” Su primer instinto habĂa sido recordarle que podĂa traerle el doble (o incluso el triple, en algunas ocasiones) que cualquier otra y que a diferencia de las demás, jamás habĂa expresado alguna palabra de queja o disgusto; al contrario, su ocupaciĂłn habĂa sido siempre lo primordial en su vida y era por ello que se sentĂa merecedora de una oportunidad y muy en el fondo, tambiĂ©n de cierta misericordia.
La morena permaneciĂł en silencio algunos segundos, esperando a que la natural firmeza de su voz no la traicionara, todavĂa frente a frente con el hombre. “Desde el dĂa en que me encontraste, he entregado todo a este negocio y te consta. DejĂ© mi vida atrás para ser la mejor y no puedes negar que he cumplido siempre sin falta. No sĂ© cĂłmo pasĂł, o con quiĂ©n, es difĂcil seguir las fechas todavĂa porque acabo de enterarme... pero estoy embarazada, Ahmar.” La simple menciĂłn de esas palabras le parecĂa surreal, pero tres pruebas de embarazo positivas no podĂan ser coincidencia. “SĂ© que esto no te gusta nada y te aseguro que no será ningĂşn problema para ti. Te pagarĂ© cada centavo perdido tan pronto pueda volver a trabajar y no habrá distracciĂłn alguna. Solo dĂ©jame hacer esto, por favor... dĂ©jame tenerlo y nunca voy a pedirte otra cosa.”