Dolores posó una mueca a medida que Barty hablaba, estaba claro que no le interesaba en lo más mínimo cuántas veces había abrazado a Rosier, al contrario: le asqueaba la sola idea. Su gesto de desagrado se hizo más pronunciado al notar su sonrisa. Ugh. —Pues claro que lo soy, estúpido —le espetó. Al observar cómo Barty se acercaba de nuevo, Dolores tuvo la intención de correr. ¡No dejaría que la abrazara otra vez! ¡Ni en un millón de años!—. Mira, Crouch, más te vale que... —ni siquiera pudo terminar su frase, cuando sintió los labios del chico contra los suyos. En toda su vida, Dolores Umbridge jamás había besado a otra persona, y aunque este no fuese un momento que esperara con ansias en su vida, siempre había supuesto que sería en un futuro con alguien a su altura. Jamás, ni en sus sueños más dementes, se imaginó que su primer beso sería con Barty Crouch Jr.— ¡AHHHHHHH! ¡¿QUÉ DEMONIOS TE SUCEDE?! ¡ERES UN IDIOTA! ¡UN ESTÚPIDO! ¡¿CÓMO TE ATREVES?! ¡QUÉ ASCO! —chilló, tan fuerte que probablemente la escucharon por todo el tren. Pero no podía evitarlo, aquello no sólo había ido demasiado lejos, sino que era tremendamente asqueroso. Comenzó a pasar la mano sobre su boca miles de veces, asqueada. ¡Ew! Tenía los gérmenes de Crouch en ella, era repugnante. El acto le había desagradado tanto, que aún chillaba de la rabia, sin poder creerse lo que había pasado. Aceptaba que la tiraran al lago, que la hicieran limpiar las cocinas con los elfos, incluso que asesinaran a Cort, pero esto, esto era cruzar la línea. Al ver cómo Crouch tenía las intenciones de irse, lo siguió fuera del comartimiento, lanzándose sobre él, comenzando a golpearlo por todas partes. Su rabia era tal, que ni siquiera se había molestado en sacar su varita, no, aquello tenía que hacerlo ella misma, no un hechizo.