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James se había tomado un momento para escaparse a cualquier parque de Londres que le permitiera sentarse bajo la sombra de un árbol, refugiarse del mundo y simplemente pensar en qué haría a continuación. Por supuesto, una parte suya deseaba vengarse de las cosas horribles que había presenciado y sido víctima, pero otra parte le decía que era mejor esperar. Sobre todo, no actuar por su propia cuenta.
Al final, terminó escribiendo en un trozo de papel ( cortesía de una publicidad que cierto muggle le había dado ) un borrador de la carta que pretendía mandarle a Dumbledore. En eso, se topó con un rostro conocido y decidió jugar un poco con el encuentro. – Si giras un poco a la izquierda, tendré un retrato perfecto de tu rostro. – anunció con una sonrisa. No era cierto, pero eso no lo sabía la otra persona.
-- Y también tendré la vista perfecta del paraíso --anunció, refiriéndose a la vitrina de una panadería, enseñando sus deliciosos pasteles y demás delicias. Si bien lo había dicho en broma, la escena bien podría haberse considerado como el paraíso de Edward Tonks, a quien le volvían loco las cosas dulces, en especial las que tenían sabor a vainilla--. Hace siglos que no te veo, James, ¿cómo has estado?
Los últimos días en la librería habían estado bastante tranquilos para el castaño y muy extrañamente poseía de bastante tiempo libre en su lugar de trabajo el cual aprovecha para poder leer no solo libros muggles si no también algunos mágicos que solía traer en su mochila siempre buscando aprender más.
Aquella era una de esas tardes en las que Brown se posaba en el piso detrás del mostrador hasta que su jefe o alguien aparecía buscando un libro anunciado siempre por la campanilla colocada sobre la puerta. —¿Puedo ayudarle? — comentó el chico levantándose en cuanto a sus oídos llego ese peculiar sonido solo para evitarse problemas con aquel que firmaba sus cheques.
Entró a la librería y echó una rápida mirada a su alrededor, en busca de quien estuviese a cargo la tienda. Sus cejas se enarcaron con sorpresa al encontrarse que a quien estaba buscando, ya lo conocía--. Eh, Ed, ¿trabajar aquí? --preguntó, aunque, segundos más tarde, movió su mano frente al rostro, indicando que se olvide de sus palabras--. Lo sé, pregunta estúpida... --admitió, observando la librería--. Mi madre dejó un libro de cocina reservado --explicó el por qué estaba allí.
[ beach party ]
Disfrutaba de su último día de descanso en aquella fiesta de playa a la cual fue arrastrado por Daisy. La animada pelirroja se encontraba lejos mientras Gideon recorría la arena en completo silencio. De pronto un pequeño dolor se generó en la planta de su pie derecho, a lo cual el rubio soltó un quejido. Frunció el ceño y buscó el origen de la herida, y ahí abajo encontró una concha de mar. La sujetó entre sus dedos, echándole un vistazo—. Estúpida concha —farfulló en dirección al objeto inanimado. Enojado, caminó a pasos fuertes un par de metros, y entregó a la primera persona que vio aquella concha—. Ten, cuídala, se llama Toby —indicó molesto, con el ceño aún fruncido.
A Ted se le daba bien el voleibol, lo había practicado durante muchísimos años en su infancia y de no haber sido por sus largas estadías en Hogwarts, probablemente hubiese continuado con su entrenamiento. Solía participar de encuentros casuales como aquel, aunque no conocía a nadie de su equipo o del contrario, lo único que sabía de ellos era que también asistían a la fiesta. El partido llegó a su fin su equipo siendo el campeón, vio a Gideon no muy lejos con una clara expresión de enojo y, emocionado por la victoria, se acercó a él con grandes zancadas, mas su trayecto fue interrumpido por el mismo Gideon y la concha de mar--. Okay... Para tu próximo cumpleaños te regalaré una lista de nombres --tomó la concha de mar y en lugar de tirarla, como haría normalmente, se la guardó en el bolsillo de su bermudas.
– ¡Hola, Ted! –saludó con una sonrisa amistosa al reconocer al rubio como la persona con la que había chocado– ¿Seguro que no te he golpeado ni nada? No me fijé que venías –se disculpó nuevamente, mientras se apartaba un mojado mechón de cabello que le caía sobre el rostro para ponerlo tras de su oreja. La lluvia comenzaba a aumentar la intensidad, pero ella no parecía tener muchas ganas de refugiarse de ésta. Rió un poco– ¿Cómo no lo haría? El día está tan agradable –sonrió mirando al cielo. Mucha gente no era muy admiradora de la lluvia y no describiría un día lluvioso como uno agradable, pero ella adoraba el clima así.
Ted volvió a carcajear--. Estoy muy seguro --respondió, observando a la muchacha mientras ésta se concentraba en el cielo. A pesar del día que hacía, una sensación cálida se extendió por su cuerpo y sus instintos le dijeron que se quedase allí, bajo la lluvia, en lugar de correr en busca de un refugio--. ¿Sabes a qué me recuerda ésto? Hay una vieja película llamada Singin’ in the rain, es una de mis favoritas --contó, ésta vez siendo él quien observaba al cielo con una sonrisa en los labios.

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Suspiró, de alguna forma sabía que tarde o temprano su prima se vería envuelta en algún tipo de problema parecido. Ella decidido continuar viviendo con su familia todo éste tiempo. Incluso aunque Sirius le ofreció irse con él, después que el infortunio tocara a su vida en día de la Reunión de padres hace ya casi dos años. Intentaba no culparla, con su intención de ser aceptaba con la familia pero el pelinegro estaba seguro que los Black eran monstruos y nunca iban a aceptar a alguien distinto a ellos. – Mira, Ted. Aprecio de verdad lo que haces por Meda. Pero, ten cuidado. No conoces de lo que Bellatrix es capaz de hacer y no solo ella, su esposo. Están locos… – y no dudaran en matar si se enteran que un muggle es amigo de Meda, eso no lo dijo pero la frase se completo en su cabeza. Pero no es como si esos dos necesitaran pretextos para acabar con las vidas ajenas. Y Sirius no quería que vidas inocentes se cobraran por eso, aún así, no esperaba que le hiciera caso del todo, pero no estaba de más advertir. – Yo creo que…la mejor idea será que me vaya, ¿Verdad? – irguió su postura y fingió estar relajado en su asiento. – Tráeme la cuenta Tonks.
-- Créeme, Sirius, es un riesgo que ya corro sin ayudar a Meda... --dijo sin siquiera pensar. Era consciente de todos los ataques a muggles o magos hijos de éstos que había habido en el último tiempo y no iba a fingir que estaba aterrado por sufrir la misma suerte que todos ellos, pero era un riesgo que ya estaba corriendo. No esperó que el muchacho le respondiese y se levantó de su asiento, tomando la bandeja olvidada antes de marcharse hacia el mostrador para pedir la cuenta de Sirius. Al cabo de un rato volvió a la mesa del primo de Meda con las manos vacías--. Ya está pagado, es una invitación --explicó, embozando una pequeña sonrisa--. Gracias por la ayuda, Sirius.
Las calles londinenses se encontraban tan concurridas como era de costumbre en tardes como esa, mas Podmore se encontraba sentado en las afueras de una cafetería observando a las personas pasar, no tenia nada que hacer ya que aquel era su día libre y no tenia que ir al ministerio a pasar arduas y algo aburridas horas en aquel lugar. Su café humeaba y es que a pesar de tener ya un clima considerado cálido el disfrutaba de un buena buena bebida caliente, se hubiera mantenido en aquella quietud y paz hasta que un rostro conocido para el ex hufflepuff hizo presencia por lo cual una gran sonrisa se extendió en el rostro de Sturgis y levanto su taza en forma de saludo. — ¡Hey! —llamo la atención del contrario.
Las agujas del reloj por fin llegaron a esos números tan esperados por el rubio, los cuales indicaban que su turno había finalizado. Ted se apresuró a remplazar su uniforme por su ropa de calle y partió rumbo a la calle, pero, en cuanto puso un pie fuera del local, una voz familiar le llamó y, guiado tanto por la curiosidad como la preocupación, se volteó inmediatamente. Soltó una gran cantidad de aire que no sabía había estado reteniendo en cuanto reconoció al muchacho, a quien se acercó con una sonrisa--. ¡Hola, Sturgis! --saludó con un movimiento de la cabeza y apoyándose en la silla frente a él--. ¿Qué haces por aquí?
“De hecho no hubieras llegado muy lejos sin dinero o identificación” comento divertido a su ex compañero y amigo de su hermano mientras tomaba asiento nuevamente en la banca donde había estado hace unos momentos para después negar con la cabeza. “No es necesario Ted, lo hice porque era lo correcto no por querer algo a cambio así que estoy bien servido con las gracias, tranquilo” le sonrió un poco más.
Se sentó en la banca continua a la del muchacho, decidido a mantener una conversación con el mellizo de su mejor amigo--. Oh, vamos, no seas descortés y acepta mi invitación --insistió, pues en verdad deseaba agradecerle de alguna forma al muchacho.
Al escuchar la explicación del chico asintió, ella lo entendía perfectamente ya que el verano pasado antes de unirse al equipo de las Arpías había trabajado en una cafetería. “Ahora entiendo porque no te veo tanto pero me alegra de que estés trabajando, se lo complicado que es y bueno al menos yo tuve la suerte de que uno de mis hermanos tiene departamento en Londres y me pude mudar con él y compartir gastos, espero que pronto puedas independizarte” le sonrió suavemente para después reír un poco mientras negaba con la cabeza. “Creo que eso es algo exagerado pero gracias, al final todo valió la pena aunque aún me molesta demasiado que no ganáramos la copa” hizo una ligera mueca, era algo que siempre tendría muy presente toda su vida, siempre había sido su sueño graduarse con la copa de Quidditch bajo el brazo. Cuando su amigo nuevamente empezó a hablar, podía jurar que se estaba ruborizando por sus palabras por lo que bajo un poco la mirada hasta el cigarro en sus manos aunque la sonrisa seguía presente en sus labios, era bueno escuchar eso de uno de sus amigos y sobre todo porque ella los había liderado en su último año. “Gracias, me alegra saber que te deje tan buena impresión como capitana a pesar de que parecía militar con mis entrenamientos” comento divertida mientras alzaba la mirada hacia él. “Tú también harás grandes cosas Ted, no creo que debas quedarte toda tu vida siendo mesero en una cafetería, tienes un cerebro muy trabajador como el buen tejón que eres así que úsalo en algo más interesante e importante que solo servir café y limpiar mesas”
Escucho la historia de Lucy atentamente, alegrándose por la buena suerte que había tenido y representando sus emociones en una sonrisa. Ted no pudo hacer más que echarse a reír al escuchar el comentario de Lucy sobre la copa de Quidditch, si bien sabía que era uno de sus sueños, no podía creer que el enojo perdurase por tanto tiempo--. Los premios vienen y van, pierden importancia, pero los recuerdos no --reconocía que haber ganado la copa hubiese sido increíble, una experiencia inolvidable para algunos del equipo, mas prefería quedarse con los recuerdos de todas esas horas gastadas en las prácticas, todas esas risas y bromas sobre las exigencias de Lucy--. No es más que el inicio de una gran aventura, hoy es servir café y limpiar mesas, mañana, ¿quién sabe? Quizás tenga mi propio café o, no sé, la vida siempre tiene sorpresas para nosotros...
Al escuchar la explicación del chico asintió, ella lo entendía perfectamente ya que el verano pasado antes de unirse al equipo de las Arpías había trabajado en una cafetería. “Ahora entiendo porque no te veo tanto pero me alegra de que estés trabajando, se lo complicado que es y bueno al menos yo tuve la suerte de que uno de mis hermanos tiene departamento en Londres y me pude mudar con él y compartir gastos, espero que pronto puedas independizarte” le sonrió suavemente para después reír un poco mientras negaba con la cabeza. “Creo que eso es algo exagerado pero gracias, al final todo valió la pena aunque aún me molesta demasiado que no ganáramos la copa” hizo una ligera mueca, era algo que siempre tendría muy presente toda su vida, siempre había sido su sueño graduarse con la copa de Quidditch bajo el brazo. Cuando su amigo nuevamente empezó a hablar, podía jurar que se estaba ruborizando por sus palabras por lo que bajo un poco la mirada hasta el cigarro en sus manos aunque la sonrisa seguía presente en sus labios, era bueno escuchar eso de uno de sus amigos y sobre todo porque ella los había liderado en su último año. “Gracias, me alegra saber que te deje tan buena impresión como capitana a pesar de que parecía militar con mis entrenamientos” comento divertida mientras alzaba la mirada hacia él. “Tú también harás grandes cosas Ted, no creo que debas quedarte toda tu vida siendo mesero en una cafetería, tienes un cerebro muy trabajador como el buen tejón que eres así que úsalo en algo más interesante e importante que solo servir café y limpiar mesas”
Escucho la historia de Lucy atentamente, alegrándose por la buena suerte que había tenido y representando sus emociones en una sonrisa. Ted no pudo hacer más que echarse a reír al escuchar el comentario de Lucy sobre la copa de Quidditch, si bien sabía que era uno de sus sueños, no podía creer que el enojo perdurase por tanto tiempo--. Los premios vienen y van, pierden importancia, pero los recuerdos no --reconocía que haber ganado la copa hubiese sido increíble, una experiencia inolvidable para algunos del equipo, mas prefería quedarse con los recuerdos de todas esas horas gastadas en las prácticas, todas esas risas y bromas sobre las exigencias de Lucy--. No es más que el inicio de una gran aventura, hoy es servir café y limpiar mesas, mañana, ¿quién sabe? Quizás tenga mi propio café o, no sé, la vida siempre tiene sorpresas para nosotros...

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bbc merlin + colours [x] ↳ arthur pendragon in yellow
Después de lo sucedido en el trabajo cuando fue vista ahí por Rabastan, Andrómeda hubiera entendido completamente si Ted no hubiera querido volver a hablarle o le hubiera pedido que renunciara. No había dejado de pensar en eso; en lo tonta que fue al no escucharlo y no haber hecho caso en que trabajar ahí era una locura en un primer lugar. Lo ponía en peligro a él, se ponía en peligro a ella misma y fue una suerte que su prometido no decidiera contarle a su familia sobre su empleo o todo habría terminado mal. Y aunque no fue así, no podía dejar de sentirse culpable y algo decaída.
Se sorprendió cuando el rubio la invitó al Magichella. Había estado tan distraída con todo que ni siquiera había recordado el evento, al que había tenido ganas de ir en un primer momento cuando supo que se llevaría a cabo y luego terminó olvidando. Y aunque se sintió tentada a decirle que no, más que nada porque no quería ponerlo en peligro si alguien de su familia o cercano a ellos los veía juntos, terminó aceptando, por era un gesto tremendamente amable, él le agradaba mucho con lo que lo conocía y pensándolo bien, la distracción le vendría bien. Además, quizás así durante el evento podría invitarle algo al chico para así agradecerle tanto por la paciencia que había tenido con ella como por lo amable y comprensivo que había sido.
Llegó puntual al lugar en el que habían acordado juntarse y no tardó en reconocer a Ted cuando le vio con una de las manos levantada. Respondió acercándose y haciendo una seña con la mano a modo de saludo– Hola, Ted –saludó con una sonrisa– Gracias por la invitación –agradeció, aunque ya lo había hecho antes cuando acordaron ir.
Sabía que era arriesgado invitar a Andrómeda Black al festival, pero dudaba que quienes formasen parte del círculo social de los Black fuese a un evento como tal y los viese juntos... O eso se repetía una y otra vez, intentando acallar los pensamientos negativos que se planteaba a cada minuto. La voz de Meda logró acabar con aquel lío que era su mente y Ted se sintió agradecido--. No debes agradecer, somos compañeros --una sonrisa sincera y amigable se dibujó en el rostro del muchacho y le hizo una seña con la cabeza a la castaña para que le siguiese--. ¿Sabes? No sé mucho sobre la música del mundo mágico, ¿hay alguna banda que me recomiendes? --indagó, comenzando a caminar hacia la fila para entrar, lo suficientemente lento como para que Andrómeda se le uniese a su lado--. Lo siento, supuse demasiado rápido que estás muy familiarizada con la música del mundo mágico... Ya sabes, porque creciste rodeada de todas éstas cosas, pero la verdad es que éso no nos dice nada --agregó, arrepintiéndose de cada una de sus palabras en cuanto las dijo e intentando remediar la situación con una risa nerviosa, lo cual le dio el aspecto de un niño pequeño.
De pronto, la comida en su plato le pareció menos apetitosa. Poseía un estómago casi insaciable pero Sirius era sensible cuando se trataba de aquellas personas que quería sinceramente, Andromeda era más que solo su prima y si ese imbécil de Lestrange iba a meterla en problemas el iría personalmente a romperle la cara. Quizás Ted no conocía lo exagerado que el pelinegro tendía a ser pero le agradecía el haberle informado aquello.– Lo siento, Ted. Intentaré no venir mucho por aquí… pero, tienes que prometerme que si vez algo raro vas a avisarme. – urgió, con recelo.
Le tranquilizaba que Sirius supiese sobre Rabastan y Lucius, sabía que si las cosas iban mal, él sería el primero en ayudar a Dromeda. Se relajó por un momento y dedicó una fracción de su tiempo a observar al resto de sus compañeros, decidiendo qué debería decir y qué tendría que callarse--. Lo haré, no te preocupes por éso --le aseguró, volviendo a su silencio anterior en cuanto la promesa había salido por entre sus labios--. Yo... Sé que no debería entrometerme, pero haré todo lo que esté en mis manos para que no le suceda nada --intentó embozar una sonrisa, puesto que el tema de conversación era demasiado serio e intentaba distenderse un poco.
Asintió con la cabeza y bajó por un momento la mirada, sintiéndose un poco más aliviada sabiendo que él no diría nada y sin saber si agradecerle o qué hacer en realidad. Había logrado mantener su trabajo en secreto por ya un tiempo, se sentía verdaderamente a gusto allí y sabía que no podría ocultarlo por mucho más, sin embargo, la idea de despedirse de eso no le gustaba para nada– Gracias –dijo finalmente. Aunque el chico no lo estuviera haciendo por ella, se sentía agradecida de que no fuera a delatarla. Supo exactamente a qué se refería al decir lo siguiente y supo también qué término era el que no había dicho para referirse a Ted. Y no le gustaba para nada. Miró al rubio con una expresión de disculpa, por hacerlo tener que aguantar esto, siendo que el le había advertido que eso podía pasar y ella no le había oído. Frunció un poco el ceño– Dudo que vengan por aquí. Y hasta el día de hoy, nadie del mismo círculo social me había visto trabajar acá –aclaró, pero tuvo que admitirse a sí misma que eso también le asustaba; el que pudieran descubrirlo.
Desvió su mirada hacia el suelo y sus manos se cerraron en puños, estaba acostumbrado a todo tipo de comentarios sobre los hijos de muggle, había aprendido a ignorarlos con éxito, pero, de alguna forma, las palabras del muchacho lograron molestarle. Elevó la mirada para encontrarse con la de ella, pidiendo disculpas de una manera silenciosa, a lo que le respondió con una sonrisa tranquilizadora --. Sin embargo, tiene razón... Debes tener cuidado --habló por fin, acercándose un poco al par y temiendo que su contribución no fuese para peor.
El clima londinense era tan cambiante. Aunque ya era plena primavera y había hermosos días soleados con temperaturas cálidas, también la lluvia seguía presente a momentos y no era extraño que amaneciera soleado y a medio día comenzara a llover. Sin embargo, esos últimos días no había llovido y a Andrómeda eso comenzaba a extrañarle. Amaba los días soleados, pero había algo en la lluvia que siempre le hacía sentirse bien.
Aquel día, Meda salía del trabajo en su hora del almuerzo y no traía un paraguas porque cuando había entrado en la cafetería, había un radiante sol que iluminaba todo y no había ni una nube en el cielo. Mas a poco rato caminando, el cielo se había nublado y una suave lluvia comenzó a caer. La calle estaba casi desierta antes de eso y después aún más, ya que ya gente comenzó a buscar refugio de la lluvia. Ella, por su parte esbozó una gran sonrisa, sin siquiera preocuparse de que no tenía ni siquiera un gorro para cubrirse. En lugar de eso, dio una pequeña vuelta y miró al cielo, disfrutando de las gotas caer contra su piel. Desafortunadamente, la calle no estaba tan sola y accidentalmente dio un pequeño golpe a alguien mientras giraba.
– Lo siento –se disculpó de inmediato, avergonzada de no haberse fijado– Espero no haberte hecho daño, como fracturarte o algo así –decidió tomarlo con humor y esbozó una sonrisa, tanto un poco divertida como con arrepentimiento, esperando que la otra persona no se lo tomara a mal.
Su jefe le había dado el resto de la tarde libre, lo cual agradeció y aceptó sin despotricar. Ted dobló el delantal pulcramente y lo guardó donde correspondía, se colgó su morral al hombro y, tras echar una rápida mirada al exterior del local, se marchó, no sin antes despedirse de sus compañeros. No iría a su casa aquella tarde, tenía como objetivo buscar un departamento económico para un muchacho como él, mas una vieja panadería, donde vendían las mejores galletitas de vainilla que jamás hubiese probado, se interpuso en su camino e incapaz de resistir la tentación, se adentró en el local para hacerse con una bolsa de éstas. Al salir descubrió que había comenzado a llover y, resguardado bajo el colorido toldo que pertenecía a la panadería, su mirada se encontró con Andrómeda. Ted observó a la bailarina con cierta ternura, embozando sin querer una dulce sonrisa al notar cuan feliz se veía y, antes de darse cuenta, sus pies le conducían hasta ella--. No te preocupes --dijo, carcajeando un poco e ignorando por completo su cabello mojado y su ropa que poco a poco se pegaba más a su cuerpo--. Parece que te estás divirtiendo.

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Se encontraba sentado en la barra de una de las cafeterías que estaban cerca de la Academia, esperando a que tomar su pedido mientras que miraba la carta en sus manos cuando de reojo miro como algo se le caía a la persona que estaba a su lado por lo que se agacho rápidamente para después tendérselo. “Creo que esto te pertenece a ti y no al suelo” sonrió suavemente.
En cuanto escuchó que alguien le hablaba, o éso esperaba, de otro modo, como diría su prima, hubiese hecho el ridículo, se detuvo en seco y giró sobre sus talones. Su mirada se enfocó en el objeto y sus ojos se abrieron de par en par, sorprendido por su falta de atención--. Oh, muchas gracias, dudo que podría haber hecho algo sin ello --todavía no comprendía cómo había dejado que su billetera se cayese sin darse cuenta, pero no iba a detenerse a pensar, Fabian se la estaba devolviendo y era todo lo que importaba--. Creo que, como mínimo, debo invitarte algo --decidió, recuperando su billetera y haciendo una señal con la cabeza a la barra.
A Darcy le gustaban mucho los animales y siempre había querido tener una mascota, aunque nunca le habían dejado tener una en casa. Por eso, siempre que algún animal se le acercaba en la calle o en algún parque, no podía evitar acariciarlos y hablarles, como si se tratara de niños pequeños, hasta que aparecieran sus dueños o ella tuviera que irse.
Por lo mismo, aquel día cuando estaba sentada en una banca releyendo un libro de poesía que había adquirido el mes pasado y un gato saltó sobre su regazo, sorprendiéndola, en lugar de enojarse o asustarse como algunas personas harían, le dirigió una amplia sonrisa al felino como si se tratara de una persona– Hola –saludó en un susurro alegre al animal mientras acariciaba tras de las orejas de este, dejando el libro a un lado para concentrarse en su nuevo acompañante. Al ver a una persona alzó la vista, sonriendo– ¿Es tuyo? –preguntó amable y curiosa, aún acariciando al gato.
Sólo a su vieja tía Agnes se le ocurría la alocada, e imprudente, idea de pasear a su gato, y sólo Ted, quien tenía mucho aprecio por ella, estaba dispuesto a cumplir con tales caprichos. Se sentía ridículo paseando al animal por aquel parque tan poco concurrido, con su nariz tan roja como un tomate maduro y el arrepentimiento pasmado en su rostro. El joven de cabellera rubia era alérgico a los gatos, razón por la que siempre evitaba al gato persa de tonos café que tanto adoraba su tía, pero algunas veces era imposible alejarse. Con una torpeza poco habitual en él, soltó la correa del gato y cubrió su rostro en el momento justo para soltar aquel estornudo que tanta picazón le había estado causando segundos atrás--. Oh, no... --murmuró, arrepentido. Buscó con la mirada el abundante pelaje, sintiendo cómo todos sus músculos se relajaban al encontrarse con éste sobre la falta de una muchacha a quien creía conocer--. De mi tía, en realidad --respondió atropelladamente gracias a la falta de aire, ya fuese por la breve carrera hasta la banca o la congestión nasal--. Me descuidé por un segundo y ya ves, es todo un rebelde --anunció, sonriendo como solía hacerlo.