Ejercicio de visualización
La segunda actividad que vamos a realizar consiste en un ejercicio de visualización y está destinada al alumnado (aunque si algún familiar o profesor quiere animarse, siempre será bienvenido). La actividad es la siguiente:
Describe, con un máximo de 700 palabras, una situación de tu futuro haciendo referencia a otra situación del pasado que te haya llevado hasta ahí. Intenta ser lo más realista posible y piensa en cómo te gustaría verte de aquí a 5 o 10 años. Para ello, utiliza la técnica del trasloque.
Yo ya he hecho la mía para que tengáis un ejemplo, ¡suerte!
Sentía un tembleque en las manos y se me aceleraban paulatinamente las pulsaciones. El banco en el que estaba sentada no era del todo cómodo y la cantidad de personas que había a mi alrededor no ayudaban a que me tranquilizara.
“Coge aire y a por ello”, pensaba, con la intención de automotivarme, mientras escribía mi DNI en la hoja en blanco. En el fondo, sabía que ese ligero nerviosismo era el que me ayudaría a estar alerta durante las próximas 2 horas de examen. Cuando por fin anunciaron los temas que tocaba desarrollar, sonreí para mis adentros y comencé a escribir con la seguridad de quien ha pasado un año entero repasándolos y visualizando esa situación. Conseguir plaza y trabajar como Orientadora Educativa estaba más cerca.
Salí de la ensoñación de mis recuerdos tan pronto sentí la arena cayendo en mi cara, y vi la pelota de playa que lo había provocado a un metro de mi cabeza. El niño que la lanzó en la dirección incorrecta la recogió y, sin disculparse, se fue gritando algo en algún idioma que sonaba parecido al alemán. “Hay que ver…Pero hoy estoy fuera de servicio”. Me quedaban tres maravillosos días de vacaciones para la “vuelta al cole” y todavía muchos planes por hacer.
Mientras me incorporaba, podía ver a lo lejos, en la orilla, a mi pareja saliendo del agua con nuestros dos hijos, venían corriendo hacía mi gritando que hoy iríamos todos a bucear y a ver los peces de colores, pues se lo había prometido, aunque a los 10 segundos me arrepintiera de haberlo hecho. Me encantaba bucear, y más en las cálidas aguas del sureste asiático, ¿quién rechazaría ese plan? Pero el hecho de hacerlo mientras estaba pendiente de no exponer a ningún peligro a mis dos renacuajos, me aceleraba ligeramente las pulsaciones, llámalo instinto maternal o instinto de “mamá osa”, pero así es.
Mientras terminaba de ponerme las aletas y colocar las gafas y el tubo, uno de los renacuajos tuvo un momento de pánico, sabía nadar perfectamente, pero era su primera vez con el tubo de buceo en el mar y le notaba un ligero tembleque en las manos. Le aseguré que estaría todo el tiempo a su lado y que podía ir de mi mano si así se sentía más seguro, pero que no era nada nuevo para él y que ya había entrenado mucho en la piscina. “Coge aire y a por ello”, le dijo su hermano. Asintió con la cabeza y, agarrados de la mano, los dos se sumergieron con valentía en el agua, y yo, orgullosa, sonreí para mis adentros y me sumergí tras ellos.