Son las horas que callan el viento, los días suceden en mis manos, esa voz del alma cobijando el día, un abrazo del mar, de la brisa.
Tú en esos meses a mi espalda durmiendo, gemidos en la almohada, entras, sales, te llevas mis palabras, vuelves en relámpagos, ardes en mi cama.
Subes, bajas, el erotismo no calla, te quemas conmigo, nos convertimos en agua, fuego, sismo, en la antorcha al volar sobre abismos.
Humedeces el sol, lo abres para ti mismo, se eternizan mis labios, mis adentros van contigo, soy el cielo en un delirio, seducida, sin frío.
Muerdes, muerdo, nos arrebatamos el cuello, desabotonas mis sentidos, desabrocho tus latidos, desnudamos el universo, goteamos los verbos.
Te pienso, mis deseos corren a prisa, te buscan, te invocan, entran a tu boca sin permiso, en tu saliva navegan mis ríos, ahí soy mujer enloquecida, mis aromas son un ritmo.
Me atrapas, atas mis manos, cubres mis ojos, pasas tus manos debajo de mis antojos, tus dedos se mojan del continente de mis menguantes locos.
Tocas mis piernas, las abres magistrales, en mis muslos soy cuerdas, soy tu guitarra, suave al tacto empiezas hacerme música, música líquida, música de fuego y sangre.
La desesperación del beso, de los besos, besos por todos lados, besos sin escapatoria, sonidos de la boca, mientras se escurren los sueños a quemarropa.
Recepción épica, se abren las compuertas, los astros brillan, las estrellas llueven, se alunizan las miradas, todo por dentro estalla, aquí me tienes, soy tu amada, aquí por dentro la poesía no calla.
El mar se levanta, el infinito habla, los orgasmos llegan, el semen baila, se hace verso en las sabanas, gimo, siento el paraíso, te quiero más dentro mío, adentro de todo lo que soy, aquí, aquí conmigo, aquí, aquí hasta que nuestra risa sea la canción del mismo amor en un destino.