CIERRE DE ACTIVIDAD: Potenziale.
La estadía en el territorio de Elvira Dubois se acerca a su fin. La empresaria vitivinícola se encarga de convocar a cada miembro del Haut Monde en la zona de cata del viñedo, donde los recibe con numerosas copas que acompañan las botellas de vino que cada uno representaba. A medida que los miembros se reúnen a su alrededor, los empleados que acompañan a Elvira se acercan a cada uno con una copa de su vino designado, invitándolos a beber con ella.
—Buenas noches a todos —saluda, con una sonrisa cordial en su rostro—. En primer lugar, espero que hayan tenido una agradable estadía en el viñedo. Sin importar quiénes sean mis invitados, mi objetivo es siempre asegurar que vivan una experiencia memorable en este lugar.
Cuando uno de los empleados regresa a su lado, Elvira le sonríe y asiente levemente con la cabeza. La señal parece suficiente para que, uno a uno, los empleados comiencen a retirarse, dejándola a solas con sus nuevos acompañantes.
—Lamentablemente, no puedo decir que estoy impresionada por la seriedad con la que se han tomado el trabajo que les he asignado —cruza los brazos y se ubica justo frente a las botellas de vino, observando uno a uno los rostros presentes—. La última vez que invité a miembros del Haut Monde a este lugar, sin embargo, fueron pocos los que accedieron a poner un pie en las plantaciones.
Con la mirada fija en un punto del suelo, parece rememorar tiempos que no le provocan demasiada nostalgia. Sus labios forman una pequeña mueca de desagrado que, por el contrario, parece indicar lo opuesto; no echa de menos esos tiempos.
—Estaban demasiado ocupados intentando disimular la tensión en cada conversación e interacción que yo presenciaba —una leve sonrisa adorna su rostro, pero no transmite emoción positiva alguna—. En ese aspecto, puedo decir que noto una gran diferencia. La suficiente como para… pasar por alto que ninguno parece tener lo necesario para el trabajo vitivinícola.
Descruza los brazos y regresa al lugar en el que se encontraba, detrás de las tres botellas de vino. Durante unos segundos, se entretiene observando una a una las etiquetas, como si decidiera de cuál servirse. Finalmente, se inclina por una botella de Cabernet Sauvignon, y la elección no es casual. Cuando levanta la vista, hay una sonrisa en su rostro, dirigida especialmente hacia dos de los presentes: Baek Insu y Harlow Astor.
—Señor Baek, señorita Astor —los llama mientras destapa el vino—. En sus manos estará la posibilidad de que pueda trabajar con todos ustedes en el futuro. Volveré a contactarme con ustedes.
Parece recordar algo de manera repentina, lo que la lleva a terminar de servirse antes de que la copa se llene demasiado.
—Oh, por cierto —de uno de sus bolsillos, saca un teléfono móvil, que no tarda en extender hacia Insu—. Uno de mis empleados me lo entregó hace un momento; dijo que lo había encontrado en el suelo de la recepción.
En su mirada firme y serena no se filtra ni una pizca de las sospechas que ella misma había depositado sobre dicho empleado. Sabía que le había mentido, pero descubrir el porqué era una tarea de la que no había tenido tiempo de encargarse.
—Espero que esté todo en orden. Puedes avisarme si no es el caso, para eso somos aliados ahora.
Vuelve a tomar su copa de vino y, justo a tiempo, uno de sus asistentes ingresa en la habitación. Se queda junto a la puerta y no dice una sola palabra; solo asiente cuando sus miradas se cruzan.
—Por último, me gustaría comentarles que he hablado con Marco para solicitar que permanezcan en Francia por unos días más. Han conocido mi faceta más profesional; me gustaría que conozcan los espacios a los que suelo invitar a mis amistades.
Prueba un poco de vino, apenas lo suficiente para humedecer su garganta antes de continuar.
—Las opciones disponibles son la Costa Azul, los Alpes franceses y, por supuesto, París. Cuando estén listos para tomar una decisión, pueden hablar con Bruce para los detalles de su traslado y estadía.


















