Las cosas no fueron como Jaroth había planeado. Estaban mejor organizados de lo que pensó en un primer momento. Por supuesto, era una buena táctica. Llamar la atención en la entrada principal para que luego por la salida trasera se colara un tercer hombre que complicaría las cosas. Pudo llegar a escuchar el apellido Gontier. Apretó la mandíbula, notando como los hombres que habían sufrido las anteriores caídas le tomaban con fuerza de los hombros para inmovilizarlo. Debía pensar con rapidez, no era la primera ocasión en la que estaba en problemas. Pero tenía la ventaja de estar en terreno amigo. Los camareros fruncieron el ceño al ver que tomaban a Jaroth, conociendo exactamente quién era, pues era alguien habitual en el local y un buen cliente. Alguien de la cocina ya estaría llamando a su hermana mayor. Jaroth les había dejado muy claro que si alguna vez tenían un problema aunque un Holmes no estuviera involucrado, que llamaran a December directamente en vez de a la policía. Aunque tenía varios amigos en el cuerpo, la corrupción llegaba a niveles más altos. Claro que no podían depender de las acciones de su hermana. Un plan. Un plan, necesitaba un plan.
Pudo formular uno, aunque era arriesgado. Podía notar las miradas atónitas de las personas con miedo, mientras muy pocos se preguntaban si se trataba de una especie de broma para alguien o, incluso actuación. No podía hacer nada en un lugar lleno de testigos para bien o para mal. Algo que al parecer el fugitivo Gontier, que era un apellido bastante bonito a decir verdad, compartía. Un lugar sin testigos. Sería difícil si les sacaban directamente a la calle. Debía de mandarle algún tipo de mensaje a aquel rubio. ▬ Cállate, rubiales. Nos han cogido esta vez. ▬ Quiso dar a entender así que era compañero de Gontier, significara lo que significara para aquellos hombres. Pero lo más importante, quería transmitir un sentimiento de paciencia al otro. Era difícil que lo comprendiera, o de hacerlo, que confiara en un desconocido. Pero era lo único que tenía. ▬ Muy bien, se acabó el juego. ▬ Dijo el hombre fornido, tomando con fuerza a su objetivo para luego sacarlo por la puerta de atrás. Bien. Ya era algo a favor. Aunque no sabía lo que haría el otro, claro. Solamente esperaba que una vez fuera, pudiera ocuparse de él sin hacer mucho ruido.
Fue seguro que su expresión de fastidio no tardó en asomar en su semblante, eso porque el sujeto afroamericano ante él se sonrió con mayor goce. Alec se hizo de aquella sensación que, de haber podido, el contrario ya le hubiese palmeado el hombro como agradecimiento. Pero vamos, la situación no invitaba a precisamente a un instante feliz donde tomarlo con relajo. Desde su escape, aquella se había vuelto la primera vez de verse cara a cara con uno de sus captores tan… ¿Directamente? No terminaba de fiarse, no cuando se presentaba con demasiada sencillez el que le cazaran. Rux y él se movían con extremo cuidado, previendo de cada paso y acto como si fuese el último por llevar a cabo, borrando rastro y viviendo entre sombras. El que lo limitaran en un sitio de comida rápida parecía un muy mal chiste.
Sacudió la cabeza, pero no por malestar en sí, al contrario, lo hizo para evaluar cuantas personas permanecían en el sitio con un escaneo rápido. Si iba a actuar, al menos debía tener en cuenta no dañar de nadie que no fuese uno de los hombres de la IPCA. La tarea no era fácil, pero… ¿Cuándo había sido diferente?
Estuvo a punto de hablar, pero el muchacho que se mantenía como ese factor sorpresa le tomó la ventaja. Dejando a un Gontier con los labios entreabiertos y los ojos claros dirigidos a él, desconcertado. Entre los pensamientos iniciales, lo había tomado con un factor de engaño. Primero le colaboraba, luego le daba una estocada por la espalda. A razón de ello le mantuvo al margen, pero tal parecía —sin importar el nuevo plan— el castaño tenía en mente permanecer en el juego.
—Ya te dije que no me llamaras rubiales. —Le sonrió, falso pero siguiendo la maniobra. Camuflando al mismo tiempo una mirada que anunciaba un claro: “¿Qué demonios haces?” No siendo de gran ayuda que el otro incluso pareciera tomarlo con gracia.
—Ya, ya. Camina de una vez. —Sin miramientos el que estaba a cargo le invitó a moverse. Por supuesto, sin mostrarse descortés, aunque la opresión en el brazo de Alec y un brazalete robotizado cerrándose alrededor de su muñeca dijo lo contrario. —También tú, castaño. No hay problema en que te unas a la fiesta.
Sagaz, el corpulento sujeto tomó la delantera cuidando de no recibir sorpresas en el camino. Poco le importaba dejar a curiosos con sus comentarios a su espalda. La orden era clara: CAZARLE A CUALQUIER COSTO. Y, honestamente, se lo estaba tomando muy en serio.
Una vez fuera y con un grupo bastante amplio de agentes especiales armados esperando a por ellos, lanzaron de ambos contra la pared. Alec pasó a llevar un bote de basura con su pie izquierdo, dejando que éste rodara por el suelo en cuanto denotaba a un par de francotiradores en el tejado a su frente.
No dijo nada, pero si volvió a darle otra mirada de soslayo al que fuera ahora… ¿Su compañero?
«No sé quién seas, pero tienes que marcharte de aquí»
Alec intercedió de modo mental entre los pensamientos de Jaroth. No era prudente, pero no había tiempo para vueltas. Algo le decía que si abría la boca las cosas no serían lindas para ninguno. No podía tomar el riesgo de disparos con alguien desconocido y hasta entonces inocente a su adjunto.
—Bien, hagamos esto simple y beneficioso para todos. —Retomo el líder, dando pasos de un lado a otro con absoluta calma. —Ambos vendrán conmigo. Fin del tema. ¿Qué mejor oferta? —Una risa ronca brotó de sus labios, deteniéndose para observar a los dos.