Si bien sus palabras ayudaban a calmar la furia en su interior, lo que lo desarmó por completo fue aquel contacto contra su mejilla. Fue como si un peso se quitara de su pecho, liberándolo de aquel sufrimiento que le daba pensar en ella con cualquier otro que no fuera él. Le costaba creerle, le costaba siquiera pensar en que alguien como ella podría elegirlo a él en cualquier tipo de situación.“No me mientas.” Susurró, sus ojos ardían en las comisuras, su garganta cerrándose. ¿Podría ser que ella sintiera algo como lo que sentía él? La idea siquiera le causaba gracia. Eso no pasaría nunca, ella no se rebajaría con alguien como él. Se conformaría con lo que ella le diera, pero le era imposible no pedir más, sediento por tenerla para él solo. “No me mientas, por favor.” Su voz se quebró, vista bajando al suelo, acercándose a ella de manera inconsciente. Terminó con su frente pegada a la contraria, aquellas manos que la encerraban dándose por vencidas, cayendo casi sin energías. Quería irse, quería alejarse de ella y de toda la confusión que implicaba estar cerca. Pero no podía hacer eso, era demasiado débil por sus caricias y suaves palabras, y si ella se lo pedía era capaz de saltar del acantilado que era esa relación.
Jamás le había visto de esa manera, Heesun siempre tenía esa actitud fresca frente a todos, siempre era el que se reía más fuerte cuando Minho solía contar algo, siempre era el que llegaba directo al sillón y no dejaba que nadie se acercara (a menos que él lo aceptara) y claro, también estaba el Heesun fuera de los terrenos de su apartamento, ese era también muy diferente. Pero Jacqueline no se quejaba ni por un segundo, quería decirle las cosas, la verdad y todo lo que sentía por él y que estúpidamente había estado guardando porque ‘no era correcto’ o porque realmente no se conocían tan bien, pero ahí estaba de nuevo, sus ojos cafés enfocados en los ajenos y ambas manos ahora tomándole del rostro, obligándole a compartir su mirada “No te estoy mintiendo” susurró “¿Qué no te das cuenta? En serio me gustas mucho” quizo dejar esa palabra, tal vez no sabía bien qué era lo que sentía por él, pero en ese momento ‘gustar’ parecía adecuado “No tengo nada con mi ex y jamás voy a volver con él” reafirmó “Mucho menos si te tengo aquí conmigo” esa última frase escapando en un timbre más bajo, agregándole la seriedad que necesitaba antes que la morena se atreviera a impulsarse un poco sobre las puntas de sus pies, estar a la altura de su novio falso y apenas dejar un beso de segundos sobre sus labios, no muy segura de que debía hacerlo.




















