Cuando entró al local descubrió que no había casi nadie, lo que a Mercy le resultaba mejor. Tomó uno de los periódicos que estaban sobre el mostrador y, luego de pedir un café negro con un muffin de chocolate, fue a tomar asiento junto a las ventanas. Empezó a leer sobre política, economía, aunque nada llamó tanto su atención como los artículos sobre los rebeldes en Hundson. Al llegar su pedido se deshizo del camarero con un seco agradecimiento, demasiado absorta como para hacer más. La puerta del local se abrió, dejando entrar una ráfaga de aire que hizo volar sus hojas, las cuáles acabaron cerca del recién llegado. Apretó los labios con disgusto, queriendo leer la lista de arrestados por si un nombre conocido aparecía— Oh, vamos —murmuró con amargura mientras se ponía de pie.
Las míseras porciones de tiempo libre que lograba cosechar buscaban ser gastadas en recorrer un poco terrenos que no sean de mármol y de arquitectura de antaño. Una pequeña cafetería llamó la atención de su mirada, impulsada por la baja temperatura de su cuerpo y el pequeño cosquilleo de un capricho banal como un café caliente, se dispuso a ingresar, frotándose las manos para que, de manera sorpresa, su llegada se vea en el protagonismo de una fuerte brisa gélida y la caída de hojas de periódico que terminaron a sus pies— Creo que todavía se puede leer, huh. —dijo en un murmullo, dejando que su sonrisa develara la diversión que despertaba la escena. De inmediato se estaba dedicando a ser útil, ayudando a recoger las hojas y acercando las mismas a las pálidas manos ajenas— ¿Eres seleccionada, verdad? —pausó, ladeando suavemente el rostro— ¿Mercy puede ser?














