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Me desperté con una sonrisa y di gracias por un nuevo día.
Drogas y abrazos
“¿Encontró lo que buscaba joven?”, me pregunta una amiga cercana mientras Café Tacvba toca en vivo frente a miles de tijuanenses que se quejan por el sonido de mierda que hay en el evento (uno puede platicar sin tener que alzar la voz a poca distancia del escenario). Mi respuesta es una sonrisa que no provoca el ácido (aunque sí me pone a fantasear sobre lo inexistente con visuales y vestuarios que desentonan con la ciudad mágica en la cual me encuentro). Pasa un abrazo largo, que dura un par de horas en un sillón, frente a mis ojos y volteo a ver a mi paciente (que no puede hacer más que sonreír y abrazar) para confirmar que hemos comenzado bien el tratamiento.
Salir de la mierda cotidiana es algo que me sorprende hasta causarme un sentimiento de bienestar y en algunos casos, inclusive, una misión que no existía que genera un plazo y un objetivo a cumplir en mi mente. La esquina del mundo me sitúa en un restaurante de comida oriental con platillos veganos para platicar y festejar un cumpleaños. Puntos de encuentro en sobriedad que calientan mi interior más que el mezcal, las chelas y demás pomos que me voy a chingar durante una noche de abrazos y experiencias previas contadas como maravillosos cuentos con aprendizajes de vida que valen la pena comunicarse entre uno y otro.
La distancia y tiempo se van a la chingada mientras se acerca el momento de que me absorba en lo cotidiano por un rato antes de volver a viajar sin rumbo y sentido. Es así como la ilusión de las puertas vuelve a jugar su papel en la historia, la puerta cerrada no estaba cerrada (¡ah!, ¡grandes descubrimientos nos deja nuestra presencia cuando estamos con todo nuestro ser!) y mi mente vuela con esos chilaquiles gourmet que reiteran la amistad de mucha gente que también está ahí con todo y nuestra pinche loquera. Mi breve descanso en el Hotel Pacific en el centro me devuelve al principio de esta crónica, para acabar hablando de los que estuvieron en el momento adecuado con las ventajas necesarias y de los que no lo estuvimos; cómo es que esas ventajas y esas posiciones no se pueden eliminar pero cómo puedes dejar de vivir muchas ilusiones y muchos paradigmas para cambiar tu posición y generar una nueva postura (puedes decirle asesino al otro pero por ningún motivo vayas a pensar que tú lo no lo eres por las especies que te chingas para comer todos los días).
Los bares más solicitados por la pandilla desmadrosa de Tijuana me gritan que no me vaya con The Doors, The Mars Volta, Deftones, Pantera, Pixies, banda metiéndose coca en los baños indiscretamente, hipsters criticando todo desde sus mesas (estáticos en la vida), personajes muy parecidos a los de Con Air, mota y unos anfitriones que me dan un tour chingón por cada esquina viciosa del centro. Me despiertan unos puertorriqueños escandalosos, pedos y contentos que gritan por el pasillo del hotel; la playa me recibe para despedirme de los cabrones más presentes que conozco, los que saben exactamente lo que me aqueja y lo que necesito. Las drogas y los abrazos surtieron efecto. Supero la depresión post-misión gnóstica cosmogónica y me pongo a organizar el caos que tanto amo ver a mi alrededor, hay que empezar a contradecirnos un poco más para querer un putero.