«Touch of Tragedy» Vol.X
En los últimos días Hessa había sobrevivido gracias a la rutina, la cual consistía en levantarse temprano, ir al hospital, pasar tiempo con Rebecca, hablarle, leerle, retratarla, esperar junto a ella, volver a casa y así, día a día repetirlo. Una y otra vez, con la esperanza de que el tiempo actuará de manera perfecta y le devolviera a su amante la vida, ya no la quería en ese letargo exasperante. De manera que, cuando menos se lo espero, la existencia comenzó a cobrar sentido. ¿El tiempo lo había hecho? ¿Los dioses la habían escuchado? ¿Ese Dios “todopoderoso” se había apiadado de su ser? ¿El destino volvía a estar en sus manos? No lo sabía, no habían respuestas, las verdades a veces no tenían respuestas, la realidad misma era demasiado grande que ni una metáfora podía servir para explicarla. Lo único claro para ella, era que la vida le devolvía la esperanza y la fe. Hasta hace nada solo leía y leía epistolarios, queriendo que Rebecca los disfrutara, le diera sus comentarios, se riera de la tragedia o se emocionara con el amor. Primero fue Virginia a Vita, luego Las penas del joven Werther de Goethe, le siguieron Las cartas al padre y Cartas a Milena de Kafka, y ahora, en el momento en que todo cobro sentido, le estaba leyendo las cartas de Sartre y De Beauvoir —el castor—.
«I love you, with a touch of tragedy and quite madly»
Después de las palabras, un leve parpadeó se inició, los ojos de su amante se comenzaron a abrir. Su corazón volvió a latir. Su sonrisa y alegría se hicieron presentes. Sin embargo, la incertidumbre seguía albergando a la pareja. “Rebecca...a-a-amor” susurró casi sin voz, tomada completamente por sorpresa.
@sinclairrebecca











