Claire Wright era una mujer que siempre intentaba mantener a raya su vida privada versus su vida profesional. Como mujer afroamericana había tenido que luchar desde que tenía memoria con los estereotipos que la sociedad imponía hacia su raza y sobre todo a la discriminación constante de un mundo que privilegiaba a los hombres por sobre las mujeres en todos los sentidos. Ser hombre, blanco y heterosexual era tener el mayor privilegio en la humanidad, aunque fuese el bastardo más maldito de la historia, sin embargo, esos malditos eran los que escribían la historia y siempre contarían esa pseudo verdad limitada por su visión cerrada del mundo.
Pertenecía a una minoría, era mujer, negra y lesbiana, por esa razón la vida la llevo a forjarse como una mujer dura de carácter para llegar a posicionarse donde ella quería; en lo alto. No solo en la vida tuvo que mantener la lucha, sino que en su profesión tuvo que tomarse de una maldita oportunidad para llegar a ser la mejor de su área, porque a mujeres como ellas solo les hacia falta una oportunidad para poder cruzar la línea, y llegar también a convertirse en decana de psiquiatría. Una mente brillante en esta sociedad discriminadora no era valorada, siempre iba a importar tu color de piel, tu apellido y el poder, por esa razón el mundo abundaba de idiotas e ignorantes. Sin embargo, tras todo lo anterior, no quería decir que ella guardará rencor a la vida y mucho menos a las personas, solo la habían hecho una persona más fuerte y extrañamente más empática.
La línea profesional y privada fue cortada, por vez primera, cuando unos grandes ojos cetrinos, que bailaban sobre un escenario de un stripclub, la miraron de manera vacía y con una actitud que se contradecía por completo a la chica dulce que mantenía aires de inocencia y que frecuentaba su clase de introducción a las enfermedades mentales. De ahí comenzó su interés por Hessa Marie Riley, no en el sentido animal de los humanos, pues aunque la pelirroja resultaba ser atractiva, Claire vio en ella aquel reflejo de la auto-marginalidad que toda su vida había sentido por la culpa de no poder encajar correctamente en la sociedad. Con el tiempo conoció la real historia, la confianza y todo lo que llevo traspasar la línea de profesional desarrollaron un cariño filial por Hessa, quien paso a ser la hija que jamás tuvo y ella a cumplir el rol materno que tanto necesitaba la joven de aquel entonces. Aunque más allá de ser su mentora y convertirse en su soporte emocional, Claire era su psiquiatra y la contraria se había vuelto su caso más importante, debido a que el trastorno disociativo de personalidad que poseía, no tenía un estudio formal y especifico por ser una enfermedad que se mantenía en el espectro de psicopatologías que lo alejaban de una respuesta absoluta, algo común con la mente, pues resultaba ser una real complejidad y todas actuaban de manera diferente.
Comprendía el rechazo que Hessa presentaba por tener esta enfermedad, pues en la sociedad aun se seguían subestimadas las enfermedades mentales, ni siquiera la depresión era tomada con la seriedad que correspondía. La sociedad decía aceptar pero en el fondo seguía el rechazo, pues a pesar de que ya no se aislaban a los individuos o los “locos”, sí se les seguía discriminando, porque quien era diferente resultaba incomodo para la otro, pues no habían puntos de encuentro y eso desencadenaba el miedo, para tener como respuesta la anulación de esa otredad. Fue ese motivo, por el cual acepto salirse de las normas con Hessa y comenzó un tratamiendo paulatino, que por un momento logro mantener en control la situación, acción que disfrutaba la joven pelirroja. Claro, hasta que llegó un punto de crisis, Claire ya no estaba para apoyarla de manera profesional y personal, por haberse mudado a Hawaii y la contraria se encontró absolutamente sola en Chicago. Ahora ambas se encontraban en esta isla, intentando ahora no solo luchar con ese trastorno, sino con el trauma y la inestabilidad emocional que se comenzó a desencadenar, fue como esa bola de nieve que aumento a un gran nivel y ahora se había dado duro contra el mundo, por eso Hessa no estaba respondiendo bien a las situaciones, había reprimido demasiado y el subconsciente se estaba haciendo cargo de ella, el ello se estaba comiendo al superyó y el yo.
“Rebecca Sinclair ¿no?” inquirió con un tono de voz grave e imponente, estaba esperando desde hace una hora frente a la casa de Hessa, donde evidentemente no se encontraba la pelirroja y tampoco respondía a sus llamadas.