El diamante es duro. Está al final. El azufre es ardiente. Se rebasa, se vuelca, llega al más allá. Su triunfo es un delirio. Oh muerte. Pero nosotros somos turbios. No cuajamos. No vemos bien la sombra. Y, sin embargo, qué ágiles, qué fugitivos tras la esquina subimos por la noche, huimos, nos perdemos en los años.
"Los pasos", César Simón.


















