Cuando Donald Trump declara en una entrevista al The New York Times que el único límite a su poder es su “propia moralidad y su propia mente”, no estamos ante una provocación ni un exceso retórico, sino ante la confesión desnuda de un principio político: el poder como ley y la fuerza como medida de todo... La militarización del Estado y la normalización de la coerción son parte de este proceso. En EEUU la aplicación de La Ley de Insurrección, la federalización de la Guardia Nacional son un ejemplo. El despliegue de una Gestapo policial como el ICE (la policía anti-inmigración), y la búsqueda de mecanismos para evadir fallos judiciales no son meras declaraciones belicosas, sino arquitecturas de poder diseñadas para establecer la primacía de la fuerza sobre la norma... Estasdos Unidos está sustituyendo la producción por la coerción, el diálogo por la disciplina y el derecho por la fuerza... La Unión Europea es, en realidad, la alumna aventajada, porque actuando de engranaje subordinado ha construido una tecnocracia capaz de imponer políticas económicas, fiscales y sociales sin control democrático efectivo. La Comisión, el Eurogrupo y el Banco Central Europeo concentran poderes de hecho, mientras los parlamentos nacionales pierden soberanía real... El nuevo autoritarismo europeo no necesita abolir formalmente las elecciones. Basta con vaciarlas de capacidad decisoria real. Las grandes decisiones —rearme, alineamiento militar, política energética, arquitectura financiera— quedan fuera del alcance democrático. Europa importa el modelo político de un imperio en declive: militarización, concentración de poder ejecutivo, erosión de libertades y normalización del estado de excepción, mientras EE. UU. abandona sin complejos su propia fachada democrática... Cuando la ley deja de limitar al poder y la política se transforma en gestión del miedo, la democracia se convierte en una cáscara vacía. Estados Unidos y Europa avanzan por la misma secuencia histórica: primero se erosiona la legalidad, luego se vacía la democracia y, finalmente, se naturaliza la coerción. Trump no es el problema; es el síntoma... La política es la proyección del interés de unas pocas fracciones que estructuran la sociedad a su favor (Eduardo Luque)