¿Qué es la vida sin un poquito de dolor?
Pero aquà ya no se siente solo “un poquito”,
se siente tal vez más de lo que deberĂa,
porque te juro que normalmente aguanto,
pero esta vez me está venciendo.
Porque, estaba segura de que este año serĂa más fuerte,
estaba segura de que podĂa contra cualquier cosa que intentara siquiera rozarme el corazĂłn…
Pero llego marzo, y no solo fue un golpe duro;
fue duro, preciso, conciso y fue un golpe muy bajo.
Ahà imaginé que estaba a punto de perder una batalla,
cuando no estaba ni cerca, pues ese fue el primer ataque
para iniciar una guerra dentro de mi corazĂłn.
Resiliencia, Jaque, resiliencia y continua – Me decĂa.
Pero mientras más trataba de recuperarme, más sentĂa que perdĂa la cabeza.
Resiliencia, puta madre. Y me agarré de lo primero que pude,
del primer lugar que me dio paz,
del primer lugar que logrĂł parar un ratito,
todas las vueltas que daba mi cabeza.
Se sintiĂł bien al principio, no voy a mentir,
pero vinieron preguntas, muchas preguntas y algunas muy abrumadoras.
La cabeza volviĂł a girar, de noche y de dĂa,
mareada, aturdida y perdida, muy perdida
me detuve a mirar atrás:
¿qué fue? ¿cómo fue? ¿por qué fue?
Y vinieron muchĂsimas más preguntas…
ÂżEn donde estoy? Âży en dĂłnde deberĂa estar ya?
¿qué he hecho todo este tiempo y por que no me he enfocado?
Y desperté como de un coma que se sintió bastante largo.
Resiliencia, Jaque – Me dije casi como un murmullo.
Tomé mis piezas y como pude, seguà caminando.
Resiliencia, Jaque – Me volvĂ a decir en un tono más duro y firme - que este corazoncito sigue latiendo muy fuerte, buscando el lugar preciso en donde pueda lograr sentirse en total plenitud y en total calma. Â