Tau Tau: O cómo vivir después de muerto.
“El camino de los ancestros”, o como se dirĂa en el idioma Bugi - “Aluk to Dolo”, es el nombre que se le atribuye a la fe indĂgena del grupo Ă©tnico de los Toraja (Hombres de las montañas) que habitan en la zona sur de la Isla de CĂ©lebes, tambiĂ©n conocida como Sulawesi, situada en Indonesia.
Se trata de una religiĂłn animista practicada y transmitida de manera oral durante generaciones por la etnia de los Toraja o To-ri-aja, hasta la llegada de los primeros misioneros cristianos a la isla a principios del siglo XX. Entre una gran variedad de rituales, compartĂan tradicionalmente las creencias de que todas y cada una de las cosas del mundo real, ya fueran estas animales, personas o cosas, poseĂan un alma propia, es decir, poseĂan una vida anĂmica.
Además, tambiĂ©n profesaban el culto a los espĂritus y creĂan en mitos y leyendas sobre la creaciĂłn de tierra.
"Aluk to Dolo", y las creencias más allá de la vida.
“To Dolo” es traducido como “Gente de antaño”, por lo que el dogma de los Toraja abarca no sĂłlo a los acontecimientos que tienen lugar en este mundo presente, sino que transcurre tambiĂ©n por profundas y ancestrales conexiones con el más allá, dĂłnde los antepasados todavĂa conservan su sitio en el mundo.
“Aluk to Dolo” hace referencia a la existencia, comprendida en dos mitades: La vida y la muerte a partes iguales.
En el idioma local de los Toraja, asĂ como en el idioma indonesio, la palabra "Tau" hacer referencia a la definiciĂłn de "humano". AsĂ mismo, la repeticiĂłn de este tĂ©rmino, "Tau Tau", adquiere un significado diferente cuándo se pronuncia dos veces, lo que se traducirĂa por algo similar a "algo que se parece".
Es asĂ como se origina el tĂ©rmino "Tau Tau”, que se aplica a las estatuas o efigies talladas en madera, bambĂş o madera de sándalo entre otras –lo que determinarĂa el estatus social del fallecido– y que son realizadas a imagen y semejanza para recordar eternamente a sus familiares despuĂ©s de su muerte, replicando con todo tipo de detalle su aspecto fĂsico e incluso vistiĂ©ndolos con sus propias ropas. Su origen se cree que se remonta al siglo XIX y estaban destinadas Ăşnicamente para personalidades con un cierto rango, como aristĂłcratas o ricos.
La elaboraciĂłn de los “Tau Taus” es llevada a cabo por los artesanos con la madera de un árbol caĂdo, para preservar la buena suerte, realizando además su trabajo en presencia de la persona fallecida.
Estas estatuas o efigies solĂan más tarde ubicarse cerca de las tumbas en las que yacĂan los cuerpos de los difuntos, que eran depositados en ataĂşdes de piedra o de madera tallada llamados “liang” y que acorde a los rituales de la etnia Toraja se depositaban en lo alto de las paredes de un acantilado, en huecos escarbados en la misma montaña o en su exterior, apoyadas sobre unos soportes de madera, lejos del alcance de ladrones y maleantes busca tesoros, ya que en su interior solĂan contener joyas o piezas de oro pertenecientes al difunto o a la familia.
SegĂşn las creencias de la fe de los Toraja, el difunto podrĂa disfrutar de sus pertenencias personales en el más allá, mientras que bandidos y saqueadores pretendĂan disfrutar de todas ellas mientras todavĂa están en este mundo.
Es por ello que a estas representaciones se les atribuĂa la funciĂłn de centinelas o guardianes de las tumbas; espĂritus protectores –tambiĂ©n llamados Bombos– que actuaban como vĂnculo entre el mundo de los vivos y de los muertos, capaces de deambular a su antojo entre ambas esferas.
Las fuertes creencias y las relaciones de los Toraja con la muerte y el más allá implican una serie de rituales en torno al fallecimiento de sus seres queridos y su transiciĂłn hacia la Puya –el mundo de los espĂritus– que han de ser concretadas de manera efectiva para asegurar el bienestar del alma del familiar extinto. El no cumplimiento o la mala ejecuciĂłn de estos rituales podrĂa bloquear el alma o el espĂritu del fallecido, que permanecerĂa vagando entre dos mundos durante toda la eternidad.
Los espĂritus de los fallecidos que han conseguido llegar a la Puya gracias a la abundancia en las ofrendas –generalmente el sacrificio de bĂşfalos y cerdos son llevados a cabo en estos rituales – tendrán el permiso para visitar a sus familiares segĂşn les parezca; ya sea visitando sus hogares o hablándoles a travĂ©s de los sueños. Por este motivo es habitual encontrar en las casas de los familiares un cesto o plato con comida, para abastecer a los espĂritus en caso de visita.