irises claros fijos en la morena, dubitativo gesto que esconde la aparición de tenue sonrisa ( liviana y efímera, un desahogo tras los agitados eventos que habían protagonizado la hoguera ). mueve fisionomía para brindar espacio a la otra dentro del colchón, destapando sábanas en modo de invitación : “no quiero quejas porque tenga los pies fríos.” dice, introduciendo un distintos tono al amargo que brinda la noche. pero se deshace, porque los trágicos eventos se sobreponen a cualquier burla o cómica, la sombra de un fatídico desenlace siendo más alargada. “¿con quién has venido, talisha?” pregunta, preocupación que deviene de mensajes de textos no leídos pero que no esperaba de otra forma, había suficiente agitación como para no encontrar el momento. “¿cómo estás?”