Había recorrido de arriba a abajo el edificio buscando el aula de la materia que debería haber asistido hace... Aproximadamente, media hora atrás. Era el primer día de clases, y los nervios de Lucille le jugaban en contra. Irónicamente, a pesar de que los pasillos se encontraban repletos de estudiantes, no había conseguido pedir indicaciones de la manera adecuada: Cada persona a la que ella intentaba entablar una conversación, avanzaba en un paso muy rápido para su gusto. Un resoplido escapó de sus labios, ya casi resignada de su penosa situación, sin embargo, seguiría intentando a causa de la importancia de aquella materia, pues era la primera en todo su cuatrimestre. Se dispuso a acercarse a la primer persona que sus ojos verdosos encontraron. — ¡Hey! Disculpa. —Pronunció con amabilidad, notando como la otra persona giraba a verla. Ésta acción la desconcertó un poco, después de haber sido ignorada varias veces aquel día. Presionó sus labios ligeramente en una pequeña mueca, mientras buscaba las palabras para formular una oración coherente.— ¿Sabes en dónde se encuentra el aula 507? No he tenido suerte encontrandola. —Agregó ésta vez, con un poco de diversión notable en su voz.















