El calor es eclipsado por el viento furioso que entra por las ventanas del bus en el que me dirijo hacia mi casa. Voy distraída observando a las personas que caminan por la calle, viéndolas caminar rápido para evitar el sol abrasador, veo escolares reír, gritar, los veo y sin poder creerlo todavía, añoro esos días en los que yo también asistí al colegio. El bus va casi vacío, unas chicas subieron haciendo gran alboroto, solo río ya que cuando subo a un bus con mis amigas también armamos mucha bulla. Y un momento después pasa, sube ese chico al bus, uno que no he visto antes pero nuestras miradas se conectan a lo lejos,casi inconscientemente, hay varios asientos disponibles además del que está al lado mío, pero él elige sentarse a mi lado, como la maestra en timidez que soy, solo sigo viendo por la ventana algo así como ignorando su presencia, pero mi pulso se acelera al notar que parece voltear el rostro para observarme, me subestimo pienso, no tiene porqué estar viéndome. Los minutos pasan y el bus continua su curso, cuando el hombre que cobra los pasajes pasa por el sitio del chico, este dice un lugar, que es pasando el lugar por el que vivo, esto me tensa más, ya que voy a tenerlo a mi lado todo lo que queda del trayecto. Esa sensación de ser observado continúa en mi, él es bastante apuesto además, lo que hace que mi deseo de devolverle la mirada crezca, pero no lo hago. El silencio cómodo/incómodo continúa, sube de repente una madre con muchos niños, ella y uno de ellos, al parece el más pequeño, se sienta cargándolo justo detrás del chico, a los instantes el niño empieza a toser, muy fuerte, descargando todos los microbios en la nuca de él. Al principio ignora la tos estruendosa que recargan sobre él, pero luego se incomoda, y decide apoyar sus codos sobre sus rodillas, llego a ver sus venas que resaltan por el calor, sus brazos son tonificados. Me río, no puedo evitarlo, trato de reprimirlo, pero no puedo, la situación me parece graciosa, la incomodidad de él, creo que él ve de reojo y también sonríe. Él continúa un buen tiempo en esa posición, me siento algo incomoda también, no de una manera rara, sino confortable, irónico pero sí, la posición de él siento que lo acerca más a mi, es como esa pose que tomas para hablar con más confidencia con tus amigos o algo parecido. Tengo esa sensación de que de pronto, empezará a hablarme, pero no lo hace, ni yo. Veo a sus dedos jugar con la correa de su mochila, como señal de nerviosismo, no sé, o tal vez solo con la razón de distraerse, puedo verlo observar mis zapatillas, me parece, lo hace seguido, veo sus pestañas, son largas y ligeramente curvadas al final, son bellas. Me revuelvo en mi asiento, no sé cómo ponerme sin sentir su cercanía. Pasa el tiempo y él intercala su posición con la normal, tener apoyada la espalda en el respaldar, por sus rodillas puedo pensar que somos casi de la misma altura, él es más alto que yo de todas formas. La mamá con el hijo enfermo deciden correr de asiento hacia el que esta justo detrás de mi, y empieza la obra del Karma, ahora el niño tose en mi nuca, hago una mueca de disgusto, él parece notarlo, ya que desvía su rostro para tal vez ocultar su risa, abro la ventana más para que los microbios no me lleguen. La tos sigue, mi cara con muecas también, y ahora sí llego a ver cómo el observa mi incomodidad, "Ahí tienes, ahora ríete pues" siento que debe estar pensando. Me doy por vencida, me recuesto en mi asiento y empiezo a pensar más en porqué siento que aún me observa, de reojo, sus pestañas ... yo también lo he observado todo el camino por el rabillo del ojo, me enfrasco en mi imaginación, pienso en cómo sería si me hablase o viceversa, pero todo queda ahí, soy demasiado cobarde. Si le contara esto a mi mejor amiga, me recriminaría el hecho de no haberme atrevido a hablarle. Mi destino esta más cerca y tan sólo me queda desear saber qué es lo que él piensa. Es mi turno de irme, cuando me giro para pedirle un permiso mi corazón se acelera más sabiendo que seré víctima de una mirada directa de él, pero lo veo adormecido, con los párpados cerrados y la cabeza apoyada en su mano, con el brazo sobre la rodilla, "Permiso" susurro con mi interior temblando, 'despierta', me ve, me parece verlo sonreír, y puedo pasar. Eso ha sido todo pienso cuando estoy tocando el timbre para que el bus se detenga, esta será la única vez que te vea pienso, y al bajarme solo me ha quedado el anhelo de que suceda esa ocasión de uno en un millón : el volver a encontrarlo en ese bus azul como el jean que llevo puesto, azul como ese cielo que se esconde tras las nubes grisáceas.
Suspiro y sigo mi camino.