Lo admito. Lo extraño. Extraño todo.
Del cielo me ha caído como un castigo, sueño con los ojos abiertos, sueño con cada libro que leo. Sueño con cada risa, abrazo y caricia hacía una protagonista que no soy yo.
Al parecer el amor está prohibido para mí, he dejado de sentir sin darme cuenta, me he encerrado en mi propia jaula donde ya no encuentro razón para luchar.
En el fondo de mi corazón sé que nunca tendré una mirada deseosa de alguien más, una mirada que se ilumine al verme, al escucharme. No tendré unos brazos en los cuales apoyarme, un corazón para escuchar.
Creí que no lo necesitaría, pero todos necesitamos algo de amor. Y no existe uno para mi.
Es mi castigo y es el castigo más cruel del mundo. Porque lo extraño, refugiarme en mis pensamientos ya no está funcionando, cada día lo extraño más.
¿Qué es lo que me queda? Tratar de no morir y si no encuentro razones para seguir, simplemente dejarme llevar por esa tristeza profunda que por las noches llena mi corazón.