Hello Charlotte: El fin de la infancia es el tercer juego de la saga Hello Charlotte, y el último episodio de la historia principal, creado por etherane con el RPG Maker XV Ace.
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La historia de Charlotte ha terminado. La historia de Charlotte ha comenzado.
Un prólogo. Un epílogo.
Un final. Un comienzo.
«Todo acabó bien. No había nada por lo que estar triste».
Advertencia: Este juego contiene lenguaje fuerte, body horror, violencia y temas maduros.
Si tienes menos de 15 años o no te sientes cómodo con algo de lo mencionado anteriormente, es posible que este juego no sea recomendable para ti.
Screenshots:
Agradecimientos:
~.A etherane por crear el juego y permitirme traducirlo.
~.Y a ti, por descargarlo y jugarlo.
Cualquier error, fallo de traducción o duda, por favor, avisadlo.
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Hello Charlotte Episodio 2: Requiem Aeternam Deo es el segundo juego de la saga Hello Charlotte, creado por etherane con el RPG Maker XV Ace.
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Bienvenido de nuevo, querido Titiritero.
Ha pasado mucho tiempo.
¡Explora la Casa, ve a la Escuela, SOCIALIZA, hazte amiga de dioses, juega con gusatos y diviértete! ...hasta que llegue el Juicio.
Advertencia: Puede contener contenido gráfico explícito y desnudez parcial.
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Hello Charlotte: Delirium es un spin-off corto de aventura con puzzles situado en un universo alternativo en algún lugar entre el EP1 y el EP2, creado por etherane con el RPG Maker XV Ace.
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¡Bienvenido/a a la Casa, sr/sra Anónimo!
En este mundo, no existen los Titiriteros.
En un mundo bidimensional sin moralidad, ¿qué tipo de chica sería Charlotte?
¡Diviértete y bon appetit!
Advertencia: Este juego tiene algunos contenidos gráficos, y persecuciones.
Es mejor jugar a Delirium después de terminar el EP2.
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Cualquier error, fallo de traducción o duda, por favor, avisadme.
Alice mare, Novela en español - Capítulo 4 (Parte 2)
Alice mare es una novela escrita por △○□× (Miwashiba), una novelización de su juego del Wolf RPG Editor de mismo nombre. Traducción al inglés por vgperson.
Esta es una traducción completamente no oficial, aunque le pedí permiso a Miwashiba para hacerla. Siguiendo sus deseos, no subiré ninguna de las ilustraciones, aunque tenéis una pequeña muestra aquí.
Os animo completamente a que compréis el libro para poder apoyar a Miwashiba, al igual que a la industria de novelas de juegos rpg. Todas las ilustraciones son suyas, tanto a color como en escala de grises y, desde mi punto de vista, merecen bastante la pena. Podéis comprarla aquí:
(Amazon) (Kinokuniya) (CDJapan)
Podéis leer la versión en PDF aquí.
Capítulo 3
Si encontráis algún fallo tanto ortográfico, como de traducción, por favor, avisadme.
Capítulo 4: El Lobo Mentiroso (Parte 2)
―Encontré un montón de esos gorros que llevas en la habitación dónde me desperté… ¿No te pones otros gorros? ―pregunté cuando llegamos a una pared y dimos la vuelta.
― ¿Eh? Bueno, si había un montón de gorros, tiene que ser mi habitación. ¿Sabes? Este gorro contiene el poder secreto del cosmos, así que tienen que ser de ese estilo, o si no…
― ¿Y toda la ropa interior? ¿También te la pones en la cabeza?
― ¡En la cabeza no!
Intenté cambiar de tema cuando Joshua empezó a ponerse pedante, pero enseguida me contrarrestó. Aun así, se le notaba en la cara que se estaba divirtiendo.
―La verdad es que este gorro fue el primer regalo que recibí. Siempre me dicen que me van a comprar otros pero prefiero los que tengo muchísimo más.
―… ¿Un regalo de quién?
― ¿Eh? Pues de, uh… Vaya, ¿de quién fue?
Joshua se detuvo y giró su cuello. Tras un momento, se encogió de hombros, murmuró “Bueno, da igual” y siguió caminando.
El pasillo parecía más largo que la última vez que lo crucé. No vi ninguno de los cuartos por los que había pasado, solo largas paredes blancas. Empecé a sentir que me había perdido, aunque era un pasillo recto.
Joshua me seguía en silencio desde atrás, cansado de hablar. Justo cuando empezaba a ponerme nervioso, aquellas impactantes escaleras, que antes estaban bloqueadas por un muro invisible, aparecieron delante de nosotros.
En cuanto pisé el primer escalón, sentí un enorme peso en mi cuerpo. Llegar al segundo me parecía algo imposible. Mientras tanto, Joshua me adelantó, subiendo las escaleras con tranquilidad.
— ¿Eh? Allen, ¿a qué estás jugando? ¿No puedes subir las escaleras, o qué?
Alentado por su comentario, obligué a mi pierna a llegar al Segundo escalón. De repente, el peso misterioso desapareció, así que subí con tanta fuerza que me caí de bruces.
— ¿Estás bien? No te esfuerces demasiado, hombre. —Joshua me extendió la mano, y la tomé tras dudar un poco. Al igual que las de Letty y Chelsy, estaba más fría de lo normal.
En el piso de arriba había un pasillo igual al de abajo, que parecía no tener final. Después de haber caminado tanto, me invadió una ola de fatiga. La verdad es que la resistencia física no era mi punto fuerte, aunque me parecía que aquí tenía mucha más que en el mundo real.
—…Oye, antes dijiste que esta casa era diferente a la tuya, pero… ¿Sabrías dónde está cada cosa? ¿Aunque sea de forma general?
— ¿Hm? Si eso es lo único que me pides… Sí, creo que podría.
Si seguíamos caminando sin rumbo, no tardaría en derrumbarme. Me retiré y dejé que Joshua nos guiara. En unos minutos, encontramos una puerta. Joshua giró el pomo sin dudar, y la puerta se abrió sin oponer resistencia.
El mobiliario del cuarto parecía incluso más caro que el que había visto en la habitación de Joshua. Había hileras de espadas que parecían superresistentes, y en la mitad de la pared del fondo colgaba el retrato de alguien. Era un hombre anciano, cuyo bigote le daba un aire majestuoso.
—Ah, este es mi padre. Cuando se enfada da muchísimo miedo —explicó Joshua, mientras yo miraba el cuadro con curiosidad. Supongo que sus ojos astutos de color oliva se parecían a los de Joshua. —Me compra un montón de cosas, y guarda las cosas viejas en las habitaciones vacías. Como esta espada, mira.
Joshua tomó una de las espadas de la esquina y la trajo. La hoja estaba tan pulida que parecía un espejo, y relucía con las luces del cuarto.
—…Increíble.
Joshua respondió a mi honesto comentario con una sonrisa traviesa.
—Detrás… Detrás, Detrás, Detrás.
De repente, escuché una voz confusa a mi espalda. Me giré y vi a una… ¿persona? que no dejaba de murmurar lo mismo. Ni siquiera podía estar seguro de que era una criatura. Parecía que tenía el cuerpo al revés y remendado.
— ¿Y a este qué le pasa?
—Detrás… Delante… Detrás, Detrás… —se quedó mirando a la mano de Joshua.
— ¿Esto? ¿Lo quieres? Muy bien, yo tengo un montón —Joshua le dio uno de los dados pequeños que guardaba. La cosa lo tomó y se quedó mirándolo mientras lo hacía girar en su mano.
—Detrás de Uno… Seis. Detrás de Tres… Cuatro.
—Sí, cuando sumas las caras opuestas de un dado, siempre te da siete. Mola mucho, ¿eh?
Parecía que para Joshua, este cuerpo extraño era algo totalmente corriente. Sus vasos sanguíneos le recorrían la cara interna del cuerpo que ahora estaba fuera, y eso me ponía los pelos de punta.
—Detrás… ¿Tú Detrás? ¿Detrás? Detrás… ¿Detrás?
De repente, el cuerpo le hizo una pregunta a Joshua. Pero tanto él como ladeamos la cabeza, sin entender. Mientras volvía a repetir “Detrás, detrás”, empecé a sentir cada vez más y más miedo, y salí de ahí con Joshua.
Tras caminar durante unos minutos, Joshua encontró otra puerta. Cuando era yo el guía, tardé veinte minutos en encontrar una habitación, pero estaba seguro de que si lo mencionaba, Joshua me miraría de forma extraña.
— ¿Eh? ¿Ese no es Profesor? —su mano se detuvo con la puerta medio abierta.
Miré por la abertura. Había una persona conocida sentada en una silla al fondo, dándonos la espalda. Intercambiamos una mirada. Seguía sin fijarse en nosotros mientras nos acercábamos de puntillas.
Los dos le pinchamos la espalda con el dedo y desordenamos su cabello un buen rato. Pero Joshua se cansó enseguida de la falta total de reacción y golpeó a Profesor en la cadera. No parecía que le había dado muy fuerte, pero Profesor gimió como su hubiese sido un golpe mortal y se derrumbó sobre la mesa que tenía delante. Ojalá esté bien.
Se giró, y su mirada pasó de Joshua a mí.
—… Joshua… ¿y Allen? Sé que no paro de repetírtelo, Joshua, pero ¿podrías dejar de golpearme en la cadera con tanta fuerza?
Profesor se sorprendió un poco cuando al verme. Luego, pareció sumirse en sus pensamientos, pero pronto asintió para sí mismo.
— ¿La cadera no te gusta? ¿Qué te parece el costado?
—El… problema no es donde me golpeas —respondió Profesor con una sonrisa burlona, pero en seguida se puso nervioso y se apresuró a cubrirse los costados.
—Profesor, ¿por qué estás aquí? No sueles aparecer muy a menudo en mis sueños.
—…Estoy no en sueño. Aquí tienes que vigilar tus acciones.
Profesor negó de inmediato que este Mundo fuera un sueño. Está claro que sabe un par de cosas sobre estos Mundos.
—Entonces, ¿qué deberíamos hacer, Profesor?
—Lo mejor sería que os quedarais en esta habitación. …No abráis más puertas.
—…En ese caso…
—Ah, tengo que irme ya. Haréis lo que os he pedido, ¿verdad? —Profesor se apresuró a interrumpirme y nos miró a los ojos. Joshua giró la cabeza hacia un lado.
—Sí, no te preocupes, Profesor, ¡yo estoy aquí! Eh… ¡No tienes de qué preocuparte!
—…Siempre que hablas con tanta confianza, me preocupo más. Bueno, espero que pueda confiar en ti.
Profesor se levantó poco a poco, y pasó por nuestro lado para salir del cuarto. Al final no pude aclarar ninguno de los misterios que rodea a Profesor. Tenía un nudo en el estómago.
En cuanto perdimos de vista a Profesor, Joshua hizo una mueca, aburrido.
—Hmm, pero es que aquí no hay nada con lo que jugar… —parecía que quería cumplir con la orden de Profesor de no abandonar el cuarto.
—Ah, sí, pero debería haber uno… —al recordar algo, corrió hacia la estantería de la esquina y metió la mano en el hueco que había entre las baldas y la pared. Unos segundos más tarde, sacó una pistola plateada.
— ¡La ruleta rusa! ¡Vamos a jugar!
— ¿Ruleta rusa? ¿El juego en el que pones solo una bala en la pistola, y cada uno se dispara en la cabeza por turnos?
¿La gente rica se juega así la vida desde la infancia? Como he perdido mis recuerdos, no confío en mis conocimientos del pasado, pero quizás como nací como una persona normal, no podía entender ese juego.
— ¡No, no! Jugar a la de verdad sería demasiado peligroso. Es solo un juguete muy realista. Colocas una bola de pintura aquí, y si pierdes, una aguja la pincha y estalla. Podemos jugar así, ¿verdad?
—…Vale —después de la explicación de Joshua, lo comprendí. Aunque seguía siendo un juego bastante malicioso. Tenía pinta de que mi ropa acabaría manchada de pintura, cosa que no me hacía mucha gracia, pero Joshua empezó a desesperarse, hasta que acepté. Colocó la bola de pintura muy feliz con manos expertas.
—Muy bien, ¡hay seis cilindros! ¡Y en uno de ellos hay una bola de pintura rosa! Toma, Allen, puedes empezar tú. ¡Primero di cuantas veces vas a disparar!
Joshua me lanzó la pistola. Conseguí atraparla, aunque casi se me escapa de las manos. Dije “tres disparos”, y apreté el gatillo. Clic, clic, clic.
—Ooh, ¿tres disparos? Nada mal. Yo, una —apretó el gatillo una vez.
Quedaban dos disparos, así que si yo disparaba una vez y no salía la bola de pintura, ganaría. Pero después de hacer mis tres disparos, me di cuenta de algo, y tuve la premonición de que iba a perder. Bajé la cabeza un poco, para que mi ropa no se manchara, dije “una” y apreté el gatillo.
¡Bang!
La maravillosa sangre rosa me salpicó el pelo. El lugar que había golpeado la bala me dolía un poco.
—Vaya, ¡qué mal! —Joshua metió una de sus manos en el bolsillo de su pantalón y sonrió de forma burlona.
—…Ahora que lo pienso, no giraste el cilindro después de poner la bola de pintura, Joshua.
— ¿Hm? ¡Ah, es cierto! Sabía dónde estaba exactamente, sí. Pero, Allen, ¡tendrías que haberlo dicho mientras podías!
Mostró más de sus dientes blancos. Me alegraba de que Joshua se estuviera divirtiendo, aunque fuera a costa de mi pelo. Yo también acabé sonriendo un poco.
—Bueno, ahora hay que limpiarlo todo. Toma una toalla. No debería costarte mucho quitártela.
Joshua me tendió una esponjosa toalla blanca, aunque no estoy seguro de dónde la consiguió. Después agarró otra toalla y empezó a limpiar con cuidado las manchas de pintura del suelo.
—…A veces mi hermana y mi hermano también juegan conmigo. Pero, por lo general, están muy ocupados estudiando como para jugar a nada. Así que, me alegro de haber podido jugar otra vez. …Incluso mamá y papá han estado algo inquietos estos días, así que no prestan nada de atención a lo que hago —comentó Joshua mientras limpiaba.
— ¡Mi hermano es muy bueno jugando al fútbol! Y mi hermana siempre obtiene las mejores notas de la clase en los exámenes difíciles. …Pero yo no tengo nada.
Joshua habló con alegría de su hermano y su hermana, pero cuando le tocó a él, se mordió con fuerza el labio y bajó la cabeza.
—Yo creo que eres muy interesante, Joshua. Hablas sobre un montón de cosas, y gastas bromas… Es cierto que a veces te pasas un poco, pero tienes una gran imaginación.
El rostro de Joshua se iluminó, y se giró para mirarme.
—Allen… ¿Lo dices en serio? ¿Yo también tengo algo? —volvió a apartar la cabeza con timidez. Pero parecía que estaba menos apenado que antes. De alguna forma, parecía liberado. Menos mal que había recuperado un poco de su buen humor.
—Bueno, hemos jugado a la ruleta rusa, así que aquí ya no podemos hacer nada más. Pues vaya… ¡Si me dicen que me quede quieto me entran ganas de moverme! ¡Vámonos a otra parte! —Joshua dobló las toallas sucias, las colocó en una mesa cercana y empezó a arrastrarme de la mano.
La advertencia de Profesor de que no abriésemos más puertas volvió a sonar en mi cabeza. Poco a poco, su voz fue sepultada por ruido, hasta que se convirtió en un pitido insoportable.
“Un día, cayó un rayo que arruinó el castillo de padre.”
“El castillo se derrumbó. Ya no había dinero. Y la última vez que el chico vio a su padre, estaba flotando en el aire.”
“El chico informó a su madre. Pero su madre le dijo:”
“¡¿Pero qué dices en un momento como este?! Todos estamos muy cansados. No vuelvas a mentirme así.”
“El chico intentó llevar a su madre hasta donde estaba padre una y otra vez, pero todas las veces soltaba su mano.”
— ¿Qué te pasa Allen? …Perdona, ¿te hice daño?
Cuando volví en mí, Joshua soltó mi mano y me miró con preocupación. Le miré para decirle que estaba bien, pero por alguna razón, evitó mi mirada al instante. Y después, con una expresión de alivio, colocó su mano en el pomo.
…Me pregunto si Joshua siempre ha tenido problemas para mirar a la gente a los ojos.
— ¿Qué dices? …¿Nos vamos? …¿O no?
—Vamos —respondí con firmeza, aunque después de una breve pausa. Tenía que irme. Ya lo había decidido, incluso antes de entrar a este Mundo.
Tenía el presentimiento de lo que estaba a punto de pasar, y de lo que vería. Pero, aun así, no podía dejar de avanzar. Quizás ya me estaba rompiendo.
Sin dejar de lanzarme miradas de preocupación, Joshua abrió la puerta y salió al pasillo. Y continuamos nuestro paseo por su largo corredor.
Tras diez minutos caminando, nos topamos con una pared blanca. Un camino sin salida.
—Supongo que esta es la única puerta. Ya podrían estar… más cerca la una de la otra, ¿verdad? —Joshua lo ilustró estirando sus brazos hacia ambos lados, algo decepcionado. Sin esperar un instante, abrió la puerta.
Un olor dulce salía de la habitación. Al mirar dentro, vimos dos tartas pequeñas en la mesa del centro, coronadas por dos fresas pequeñas.
—Ooh, papá solía comprar estos pasteles todos los días. Los hace un famoso… patissi… pastelero, y están muy buenos. Aunque son superdulces.
Joshua se acercó a la mesa. Yo le seguí, y el olor de los pasteles empezó a abrirme el apetito.
—Oye, Allen, no comas con las manos. Tu ropa se quedará pegajosa… —Joshua empezó a buscar algo bajo la mesa—. Eh, toma, un tenedor.
Por qué había un tenedor ahí y cómo fue capaz de encontrarlo… Eran preguntas a las que no necesitaba una respuesta en frente de esa dulce tentación. Sin embargo, justo cuando iba a tomar el tenedor de Joshua...
—Beeee.
Escuché una voz débil que venía de debajo de la mesa. Y vi el rostro de una criatura parecida a una oveja con mucha lana y grandes cuernos curvados.
— ¿Quieres un poco? La comida humana casi siempre no es buena para los animales, así que no te lo recomiendo.
—Bee, bee…
—…Vale, me rindo. Seguro que puede comerse la fresa.
No entendía lo que estaba diciendo el animal, pero al parecer, Joshua sí. Tomó la valiosa fresa de su pastel y la lanzó hacia mí. La criatura con forma de oveja la atrapó en el aire con destreza, y baló gratamente.
—Nosotros también deberíamos comer. Caminar cansa, así que podemos descansar aquí.
Joshua puso su tenedor en el largo pastel triangular para cortar un trozo. Después, lo pinchó con el tenedor y se lo llevó a la boca.
—… ¿Te vas a comer? ¿No te gustan los dulces, Allen?
—No es eso. No pasa nada.
Corté mi porción, con más brusquedad que Joshua, la pinché con el tenedor y me la llevé a la boca. En cuanto cerré la boca, sentí una fuerte sensación de vértigo.