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—Me gustaría pedirle un último favor, maestro.— Expresó, luego de rellenar con elegancia nuevamente la taza de té de su acompañante.
Como ya era costumbre, esa era otra de las tantas noches en las que buscando un espacio entre las obligaciones del Arhat iba a hacerle una visita. En ocasiones, simplemente para intercambiar palabra de lo que había aprendido hoy de la región o para compartir sus opiniones acerca del libro que había empezado a leer recientemente. Y otras, como esta en particular, iba a verlo para compartir una taza de té y cerrar el encuentro con algo de música.
—Estoy componiendo una nueva melodía para integrarla a mi repertorio. Sería un honor si pudiese escuchar lo que llevo y darme su opinión al respecto.— Ya... mañana a primera hora con la caravana abandonaría la montaña y dudaba tener otra oportunidad para hacerlo.













