Jorge Reyes - SazilakabÂ
One of my favorite songs from one of my favorite albums.
Un maestro, Jorge ReyesÂ

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Jorge Reyes - SazilakabÂ
One of my favorite songs from one of my favorite albums.
Un maestro, Jorge ReyesÂ

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De entre las mujeres.
De los 7 Libros Maya: Entre las mujeres de ZacquÃ, dice que hubo una que se llamaba Sazilakab; la Luz efÃmera de la Noche.Â
Dicen que era triste y bonita como la Luna y que andaba de noche por el monte cantando con los cabellos sueltos. El prÃncipe Nazul de Zacquà cuando la veÃa, se quedaba mirándola extasiado y ella se encendÃa toda y se ponÃa a temblar. Si Nazul hubiera sentido en su vida amor de mujer, a Sazilakab hubiera querido ardientemente. Pero si asà la querÃa, no se lo dijo nunca. Él, que hablaba con dulzura y alegrÃa a todas; a ella no le decÃa nada. Ella no recibió jamás las palabras amorosas de los hombres y estaba siempre llena de silenciosa y apacible tristeza. Los que saben de las cosas del silencio; decÃan que él era el hijo del Sol y ella era hija de la Luna y que esto tenÃa un significado grande. Por eso se hablan de lejos y en la luz. El prÃncipe de Nazul estaba entonces en lo más alto de su juventud, y era hermoso y resplandeciente; como el Sol de mediodÃa. Sazilakab tenÃa los ojos húmedos y el cuerpo fino, bello, y su vida estaba en ancho esplendor: como la Luna llena. Fue asà lo que paso una tarde. Fue que el prÃncipe Nazul tomo su capa, su arco y salió de su casa, entre los árboles, donde los pájaros aún dormÃan, se alejó del pueblo, solo, callado, por las veredas tranquilas. Cuando se adentraba entre los cerros, que se veÃan a lo lejos, el dÃa se iba apagando y el Sol entró detrás de él; bajo los árboles.
Y la Luna grande por el otro lado iba saliendo, por arriba de las sementeras, con el viento dulce en que viene el olor de las mazorcas calientes. Y fue también que Sazilakab salió de su casa, debajo de la Luna, y por sus caminos de hierba verde, Sazilakab, la Luz efÃmera de la noche, bajo los árboles entró cantando, con los cabellos sueltos y arriba de su frente estaba la Luna llena. Fue luego que estaba la Luna brillando, sobre el cielo limpio; en medio de las estrellas encendidas. Y vino el Sol envuelto en su vestimenta obscura. Y la abrazó; y la fue escondiendo, entre sus brazos, para besarla en secreto, sin que los hombres lo pudieran ver. Fue esto que paso; en los dÃas del año, en que la vida vuelve a nacer. Y asà cuando el Sol y la Luna se besaron, todo estaba moviéndose en la Tierra y suspiraba el aire. Volvió la Luna a lucir, dormida sobre el cielo de la noche y volvió el Sol a resplandecer por la mañana. Pero no volvió el prÃncipe Nazul a su casa blanca, ni a su dulce ciudad. No volvió tampoco Sazilakab por sus caminos de hierba verde, nunca volvió ninguno de los dos. Sazilakab siguió viviendo por muchos años junto al agua azul de la gruta clara y entre los árboles que dan la miel olorosa; que endulza los labios y embriaga el corazón.
Sobre ella se cumplió el tiempo; y tuvo lágrimas en los ojos, y sobre el pecho tuvo sangre muchas veces. Pero algo vivió también en ella siempre, que le puso el sello de lo Alto y la marca de la Luz. De ella salieron los que fueron hijos del Sol y de la Luna, sobre las tierras grandes y muy antiguas. Para esto vino el prÃncipe Nazul, y para esto nació Sazilakab; la luz humilde de la noche. Para esto fue hecha tal vez, la ciudad blanca y dulce, donde se nombró Zac-quÃ, un lugar de reposo, y alegrÃa, aquÃ; en lo bajo de la Tierra. Los que allà vivÃan, se querÃan como se quieren los hijos de la misma madre; en la gloria de esta Tierra. Asà se canta con palabras de esta Tierra, lo que se oye decir a los que dicen, los demás solo lo saben; los que saben las cosas del silencio.Â