Es necesario perdonar a todos los que nos hicieron daño y arrepentirnos todos los días, no que practiquemos el pecado hipócritamente como algunos falsos predicadores dicen, porque el que sirve de Dios y nació de Dios no practica el pecado. Pero tenemos pecado, y el Espíritu (que nos santifica) nos guía al arrepentimiento, aún de cosas pequeñas. Para que estemos totalmente limpios y sin manchas. No le creas a los que predican que todos pecamos, porque, aunque parezca cierto. Los hijos de Dios no son fornicarios, adúlteros, mentirosos, no generan discordia, aman con amor de Dios, y no aman al mundo, aman a Jesucristo. Alabemos a Aquel que nos amo tanto, como para dar su vida entera por nosotros y hacernos pueblo, aún, cuando éramos enemigos del cielo.
















