Día 3. San Bernardo de Menthon 15 de junio
Patrón de los escaladores y alpinistas.
Nació en Saboya en el s XI y creció en una de familia noble que le proporcionó una educación ejemplar. Sus padres prepararon para él un matrimonio de conveniencia que no admitía un no, pero como él solo quería dedicarse a Dios y a ayudar al prójimo se escabulló del castillo en el que vivían antes del día de la boda, bajando por una ventana. Dice la leyenda que se escurrió, se precipitó al vacío y fue salvado por unos ángeles que aparecieron para bajarle suavemente hasta el suelo.
Llegó a Aosta, donde pudo por fin dedicarse a lo que deseaba y se hizo sacerdote y posterior archidiácono de esta ciudad, perteneciendo a los trapenses de la orden del Císter. Empezó a hacer labores de misionero en pueblos de montaña, acabando en un conocido paso en los Alpes Peninos, entre Aosta y Martigny, en Suiza, muy usado como enlace a Europa, sobre todo por contrabandistas y peregrinos hacía Roma. Era un paso difícil, con temperaturas hasta -20 ºc y metros de nieve imposibilitando el caminar. Muchos morían en el intento. Por eso Bernardo decide construir allí un hospicio para auxiliar a los viajeros, sin importar su estatus o trabajo. Se le unió un grupo de monjes bautizados como Canónigos Regulares de la Congregación Hospitalaria del Gran San Bernardo. Con las tormentas salían al rescate de posibles atrapados en la nieve, y les daban comida y techo. Pero el clima extremo lo hacía muy difícil. No sabemos si fue a Bernardo o a alguno de estos monjes a quien se le ocurrió la idea pero aquí entran los perros cuyo nombre va en honor de este santo: los San Bernardos, por entonces llamados Barry dogs. Gracias a su ayuda salvaron la vida de cientos de viajeros, y lo seguirían haciendo después de muerto Bernardo, quien vio que funcionaba tan bien que creó un segundo hospedaje en el Pequeño San Bernardo, en los Grandes Alpes. A día de hoy es el único sitio a semejante altura abierto 24 h al día desde hace más de 1.000 años, y sigue hospedando viajeros y criando a estos perros, aunque ya no se usen para rescate. El más conocido fue Barry I, que vivió entre 1800 y 1814 y salvó más de 40 vidas. Por esas fechas pasó por allí el mismísimo Napoleón con 40 000 hombres hacía la conquista de Italia. Gracias a los monjes ninguno de ellos murió.
Tanto el hospicio como el paso pasaron a llamarse El Gran San Bernardo.














