«Entonces, ¿el sabio no cree en las reformas?
Él observa que las reformas cambian los nombres de las cosas, no las cosas mismas. El esclavo se ha convertido en siervo, luego en asalariado. Solo se ha reformado el lenguaje. El sabio permanecerá indiferente a estas cuestiones de filología.
¿Es revolucionario el sabio?
La experiencia prueba al sabio que las revoluciones nunca tienen resultados duraderos. La razón dice que la mentira no se refuta por la mentira y que la violencia no se destruye por la violencia.
¿Qué piensa el sabio de la anarquía?
El sabio mira la anarquía como una ingenuidad.
¿Por qué?
El anarquista cree que el gobierno es el límite de la libertad. Espera, al destruir el gobierno, ampliar la libertad.
¿No tiene razón?
El verdadero límite no es el gobierno sino la socieidad. El gobierno es un producto social como cualquier otro. No se destruye un árbol cortando una de sus ramas.
¿Por qué el sabio no trabaja para destruir la sociedad?
La sociedad es inevitable como la muerte. En el plano material, nuestro poder es débil contra tales límites. Pero el sabio destruye en sí mismo el respeto y el temor de la sociedad como destruye en sí mismo el temor de la muerte. Es indiferente al tipo de muerte que le espera.
¿El sabio no actuará entonces nunca sobre la sociedad?
El sabio sabe que no se destruye ni la injusticia social ni el agua del mar. Pero se esfuerza por salvar a un oprimido de una injusticia particular, como se lanza al algua para salvar a un ahogado.»
Han Ryner: Breve manual del individualismo. Julián Angulo Sotos Ed., págs. 26-27. s/l. , 2005.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1








