No hay otra palabra, ni otra definición: son días malucos, que saben feo, que apestan y contaminan el alma. Nos dejan furiosos, tristes y desolados.
Llegan sin avisar, sorprenden y parecen un huracán. Todos los tenemos por más actitud positiva que tratemos de poner y a veces hasta los reconocemos como necesarios.
Entonces, ¿cómo darse cuenta de que está en un día de mierda? Todo le salió al revés. Usted busca reírse, ver su programa favorito, pero la boca se le va hacia el piso. Pudo comenzar porque se quedó sin un peso, su novio la echó (¿o le puso los cachos?), tuvo un accidente, un carro paso y la emparamó, se dio cuenta que el que le gusta ya está con alguien, se le perdió algo o se le enfermo la mascota. Claro que esto puede ser poco porque los días de mierda tienen niveles. Niveles de complejidad. Escalafones y no quisiera nombrar aquí lo que constituye los peores días de mierda porque todos nos deprimiríamos, pero yo sé que !ajá! ustedes saben cómo son.
Bueno ya después de haberme desquitado con esos días de mierda, los puedo dejar con la noticia de que son pasajeros, a pesar de su oscuridad, todo vuelve a la normalidad y aún nos queda la risa.
Solo les recomiendo que cuando haya pasado el día de mierda se rían con todas las ganas del mundo, esas ganas que nada ni nadie puede quitarnos por más días de mierda que hayan.