Escribir supone ya una doble escritura o una repetición de lo escrito. Porque los fundamentos son insuficientes, siempre es necesario escribir. Pero, reescribir lo escrito no es suponer un origen de lo escrito, ni mucho menos mejorar un fundamento, sino mejorar un estilo. Refactorizar un estilo. Una y otra vez, es imponer un estilo. La filosofía se impone y se impone no por el fundamento que expone, sino por el estilo. No hay pruebas unitarias que pasar o, mejor dicho, demostrar... el estilo se impone y poco importa el fundamento. Cuando se refactoriza un estilo, se busca el code smell. En efecto, mucho tiene que ver el olfato aquí, hasta en Nietzsche. Un buen estilo filosófico huele bien. Escribiendo lo mismo, sin elementos externos, buscando comunicar lo mismo, una y otra vez, mejorando el estilo, persuadiendo con concisión, es como la diferencia emerge. El estilo se convierte así en el elemento diferencial de toda filosofía.