ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ⥅ Abyss
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤMain Plot.
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ╰── ▹ #Relato.
La velocidad en la que la mente puede hacer de lado a todos los pensamientos positivos para dejar a la superficie aquellos negativos puede resultar bastante sorprendente y Hayden había logrado no solo esto, sino que su mente había logrado callar a las demás voces que estaban presentes en aquella sala.
Era el último día del juicio por la custodia de su hija, era el día en el que el veredicto final se iba a dar, por lo que se había vestido con sus mejores prendas y había intentado parecer una mujer decente ante los ojos del juez. No tenía idea de cómo logró mantenerse en silencio y tranquila durante toda la sesión, capaz porque estaba aferrándose a esa pequeña señal de esperanza que le quedaba en el corazón; pero toda esperanza fue callada en cuestión de segundos cuando el mazo del juez terminó estrellándose contra la mesa, acompañado de la retumbante voz varonil en aquella sala.
Había visto en televisión que cuando alguna tragedia comenzaba a ocurrir el protagonista comenzaba a sentir como todo a su alrededor se movía en cámara lenta y no había creído que eso se en verdad posible hasta este preciso momento; podía ver a Bastian del otro lado de la sala levantándose mientras aplaudía con fuerza dejando ver aquella sonrisa sobradora y triunfante, el hombre fue abrazado por su novia y por encima de ese abrazo él sostuvo la mirada de Hayden quien simplemente ladeó la cabeza frunciendo el entrecejo sin emitir palabra alguna, con lentitud giró su silla en dirección a la audiencia buscando a su hija, quien por lo que se veía estaba luchando con sus emociones referente a lo sucedido. La arquitecta también estaba procesando toda la información recibida, la voz de su abogado sonaba a lo lejos disculpándose un sinfín de veces, pero no lograba prestarle atención, la única cosa que escuchaba bastante cerca era la voz del juez con aquella oración que determinaba que la custodia no era suya.
— Señorita Vorgrimler, por favor. —tuvo que levantar la vista para poder divisar al varón que la sostenía de los hombros, en su mirada había miedo y eso no solo podía sentirlo, sino que además se estaba dando el poder de disfrutarlo. Su vista se separó del cercano y la enfocó al señor que estaba parado en una esquina sin poder moverse, era el hombre que sentenció su pérdida.
Era como si su mente hubiese viajado a un lugar que no había visitado jamás, destellos de su vida pasada comenzaban a hacerse presente logrando que todos sus pensamientos positivos fueran arrojados al abismo para ser reemplazados por la depresión, soledad y aquella sed de venganza que venía conteniendo. Hayden comenzaba a actuar por impulso, la ira acariciaba cada parte de su cuerpo y lograba dominarla, era ya consciente de que en esa distancia podía lastimar a cualquiera en esa habitación; pero se enfocó en el hombre que seguía inmóvil en la otra esquina y estaba feliz de que él no pudiera moverse, es más, quería ver a su cuerpo arder, necesitaba verlo en llamas y escuchar sus gritos pidiendo misericordia. En respuesta a sus pensamientos pudo imaginar a la sala misma estallar en fuego, en gritos y en cierta forma eso la reconfortaba, estaba consumida por la ira y esto se reflejaba en el calor que sentía en sus manos, que posteriormente se sintió como si todo su cuerpo estuviera ardiendo. No podía pensar en otra cosa, estaba tan enojada con todos en aquella sala que simplemente no lograba controlar sus emociones.
— ¡Hayden!
— ¡Mamá, para!
Escuchaba las voces de su hermana e hija llamarlas a lo lejos, pero el enojo era mucho más fuerte, la mujer ahora escuchó la voz de su ex y esto la hizo girar el cuerpo decidido a quemarlo también, ella lo miró sin expresión alguna en su rostro mientras avanzaba un paso en dirección a él, Bastian le pedía que retrocediera, pero ella simplemente se negaba a hacerlo— Me has arrebatado la única cosa que me importa en este mundo. —comentó, él retrocedió los pasos que ella avanzó y había comenzado a gritar por el fuego que comenzaba a subir por sus piernas.
— ¡Hayden! ¡Mírame! —volvió a pedir su hermana mientras la misma depositaba una mano sobre el brazo que la bruja tenía levantado— Recuerda quién eres. —pidió.
— Pero si al fin sé quién soy, soy Hayden Parsac —elevó la voz, irguiendo un poco su barbilla volviendo a fijar la mirada en los ojos masculinos— Soy una bruja que está maldita por amar a alguien que la terminaría matando, pero… esa historia no va mucho conmigo ¿No es así, Bastian? —murmuró de forma burlona. — A llegado la hora para vengarme.
Su hermana seguía parada a un lado de ella, esta vez la mirada sus ojos dejaron la calidez para ser más fríos y analíticos, a diferencia del resto ella sí era consciente de lo que estaba ocurriendo.
— ¡Mamá, detente! —escuchó a lo lejos la voz de su hija, ella giró el rostro para observar a la castaña observándola confundida y bastante alterada, su mirada volvió a su hermana quien se veía lista para el ataque, de esta forma logró salir del trance oscuro en el que se adentró por unos minutos. Todos en la habitación estaban arrimados a las esquinas, Hayden bajó la mirada a sus manos notando que el calor que sentía en ellos era mucho más que real de lo que pensó, confundida por la situación relajó su posición. El fuego que la rodeaba estaba en un perfecto círculo que había comenzado a atenuarse, ella miró a todos como si pidiera disculpas. Sus recuerdos y poderes volvieron a ella, pero se sentía oscura e inclusive mucho más peligrosa de lo que alguna vez fue, la rabia le había dominado y poco nada los gritos que estaba escuchando de fondo.
Al notar el cambio, Aradia relajó la postura e inclusive susurró que se largaran de allí; la bruja tenía todavía las manos temblorosas— Yo… yo lo siento, no sé lo que… ¿Están todos bien? —levantó una mano en busca de calmar la situación, pero aquello bastó para que todos se encogieran por el miedo, sorprendida por lo que había ocurrido negó con la cabeza repetidas veces— No debía… ¡No! —exclamó frustrada, cerró los ojos esta vez con fuerza. Desde lo más profundo de su ser había deseado que nada de eso hubiese ocurrido, que todo simplemente fuera una simple imaginación de su cabeza, estaba bastante asustada— No, no lo hice yo… yo no hice nada de esto, yo…
— ¡Vámonos! —exclamó mirando a su hermana mientras intentaba recuperar el aliento, miró a su hija y agachó la cabeza rindiéndose a cualquier pensamiento que la menor pudiera tener sobre ella. A las apuradas, Hayden tomó rumbo a las puertas del juzgado, allí esperó a que su hermana saliera del lugar y susurró las palabras necesarias para hacer que todos olvidaran lo que pasó.