Que soy Z
Nací en 1997, en concreto el 29 de Diciembre. El año en el que se adoptó el Protocolo de Kioto y...bueno, no sé qué más ocurrió ese año. Lo del Protocolo de Kioto lo sé porque he estudiado Estudios Internacionales y me he hartado a escucharlo en bucle estos últimos cuatro años. Sí, esta claro que mi generación está más concienciada con el cuidado del medio ambiente pero a la vez el planeta no deja de estar cada vez más jodido. Aparecen ecologistas y veganos por generación espontanea mientras que USA emplea el fraking descaradamente y las emisiones GEI de China escalan anualmente por un desmesurado uso del carbón.
Pero bueno, yo del Protocolo de Kioto no me acuerdo, ¿Qué me voy a acordar?, al igual que no recuerdo prácticamente nada de mis cuatro o cinco primeros años de vida: Esto incluye el atentado del 11S que cambio el concepto de “seguridad” en el mundo y también las pesetas. Miento, las pesetas las recuerdo fotografiadas en mis libros de preescolar y en una caja de galletas repleta de ellas que guardaba mi abuela.
De lo que sí os puedo hablar es de dibujos animados y de Cartoon Network, coleccionaba todas las revistas mensuales y gracias a ellas me enteraba antes que nadie de todos los capítulos especiales y maratones que se emitirían ese mes en el canal. Recuerdo a Jhonny Bravo, Las Supernenas, Vaca y Pollo, aunque estos últimos nunca terminaba de entenderlos, Agallas el perro cobarde, que me resultaba perturbador pero hipnótico, Billy y Mandy, Foster, e incluso veía las series animadas que detestaba. Porque sí, también odiaba ciertos dibujos como Campamento Lazlo o, peor aún, Ed, Edd y Eddy.
Puedo afirmar además que siempre he sentido mucho más placer estético al ver un anime japonés que cualquier otro tipo de animación, de ahí a que mis series favoritas fuesen Sargento Keroro, Mirmo, Hamtaro, Bobobo, Digimón u otras en las que apareciesen humanos de ojos grandes y brillantes. La realidad es que algunos de estos personajes con los que pasaba horas frente al televisor me resultaban ya por aquel entonces sexualmente atractivos por lo que acababa buscando el amor en ellos y pues claramente habría sido novio mucho antes de Fuyuki Hinata de Keroro o Matt Ishida de Digimon que de un perro hipocondriaco o una calavera parlante.
Conciencia política no tuve por lo menos hasta que no entré al instituto en septiembre del 2009, lo cual considero que es normal, pero de lo que sí puedo hablar es de que en 2008 la crisis económica azotó con vehemencia a mi humilde familia. Éramos un quiero y no puedo, vaya, como media España más por aquel entonces. Que sí era culpa de Zapatero, que no, que no, que la burbuja la creo Aznar, que no, que había que echar a los inmigrantes: “Zapatero ha llenado el país de moros”. En fin, yo me limitaba a escuchar y a ser o del PSOE o del PP dependiendo del interlocutor, que por ese entonces eran lo mismo las únicas opciones posibles. Sí que es verdad que por influencia de mi tía Adela, que en ese entonces era concejala por el PSOE en mi pueblo, empecé a ir acercándome a la izquierda, al progresismo y al ateísmo, lo cual fue un disgusto para mi abuela Maruja.
Ya en el instituto desarrollé mucho más mis líneas de pensamiento que básicamente se resumen en ser cada vez más de izquierda, mucho más que mi tía, hasta que en la universidad pasé a militar en las Juventudes del Partido Comunista, la CJC. Pero todo esto no viene del todo a cuento con lo que venía a expresar en este post que es...¿A qué maldita generación pertenezco? y lo que es más importante ¿Qué más da esa mierda de pregunta? En algunos sitios he escuchado que soy millenial y hasta ahora me había identificado como tal, pero últimamente he leído que pertenezco a una nueva generación al haber nacido después de 1996, la generación Z. Luego busqué en wikipedia y, después llegué a El País que parece un periódico experto en todo esto de las generaciones y confirmé que soy Z. Un dato me resultó determinante “padecen más depresión, más ansiedad, más estrés”: “¡ya está, esta es la mía!” me dije a mi mismo.
Tras autoidentificarme como miembro integrante de la “Generación Z” retorné a la segunda incognita: ¿Qué más da esa mierda de pregunta? o sea, lo de la generación. ¿Qué más da? ¿Por qué se siguen empeñando los medios, los sociólogos o quien coño sea en establecer divisiones entre sectores de la población? ¿Cuál es el punto de todo esto?
No lo sé pero me recuerda enormemente a las políticas identitarias de la nueva izquierda, a la interseccionalidad y a todo un marco teórico que se caracteriza por poner por delante de todo las supuestas “identidades múltiples” de cada individuo. Algo que en un primer momento pudo parecer liberador y revolucionario pero que realmente el capitalismo ha fagotizado y lo ha transformado en individualismo puro.
En fin, mi cerebro se está quedando ya un poco seco y más pasando el verano en Murcia así que lo dejo por ahora.
Las ralladas continuarán próximamente...
Obrigado, saude e amor.














