No supo a dónde se estaban dirigiendo sus pasos, sólo sabía que quería estar lo más lejos posible de ese lugar. Y así fue, camino y camino por horas, hasta que sus piernas no pudieron más y su pecho soltó la opresión que sentía. Se encontraba sentada en una roca, y las lágrimas caían por sus mejillas, no había manera de explicar con palabras lo que sentía. Después de un buen rato de llorar sin poder parar, levantó la mirada y reconoció el lugar en el que se encontraba. Su lugar secreto. Ese lugar tan especial, en el que compartió tantos momentos con su Bastian. Y ese simple hecho la mataba, saber que ya no era suyo y quizás que nunca lo fuera. Que ahora estaba con otra mujer digna de él. Saber que su amor había sido condenado desde el inicio por una sociedad llena de prejuicios en la que ya no podía vivir más. ¡Qué fácil sería terminar solamente con todo el sufrimiento!. Pero no podía pensar así, ahora decidía por alguien más, un pequeñito que apenas se formaba en su interior y al cual ya quería con todo su corazón. -Pequeño, no se cómo serás, pero con el simple hecho de saber que estás aquí conmigo me das aliento, mi vida no ha sido fácil, pero te prometo que voy a hacer todo lo posible por que la tuya lo sea. Que haré todo lo que esté en mis manos para que seas feliz. Que te daré todo el amor que una madre a su hijo le puede dar y aún más, por que tendrás el amor que sólo era de tu papá. Siempre te cuidaré mi amor. - y diciéndole esas palabras a su pequeño se llenó de determinación y salió de aquel lugar tan especial, sin poder mirar atrás.