@plenilunic Habían sido las peores horas de su corta vida, desde el primer momento lo había odiado y con cada segundo su odio aumentaba. Les haría la vida imposible no solo a todas las personas del hospital pero a sus padres por haber sido tan necios como para obligarlo a presentarse como voluntario. “Irás a ese hospital y recuperarás tu reputación de buen muchacho o te puedes ir despidiendo de todos los lujos. No se dice más.” Había gritado su padre una semana atrás, cuando junto con su madre le habían dado la noticia que se presentaría como voluntario. No era sólo para mantener el buen nombre de la familia, pero como castigo por aquel cuatro de julio, cuando Noah y sus amigos se habían emborrachado más de la cuenta y hecho destrozos en la vía pública… Habían terminado pasando la noche en la estación de policía pero nada era tan espantoso como tener sentarse frente a ciento de chiquitos inquietos para leerle libros o tener que contener a alguien que no podía parar de vomitar. Si veía a una persona más vomitando, se iría de allí. Su celular marcó que eran las 15:30 horas ¡Perfecto! Ya quería irse y sólo habían pasado dos horas y media desde que había comenzado. Decidió que era hora de descansar así que se dirigió a la sala destinada al personal y con su habitual aire de niño rico, dueño del mundo, entró. Sin siquiera saludar se sentó en la silla que más cerca estaba, pronto sacó su móvil y comenzó a tipear para responder el mayor número de conversaciones que tenía en su WhatsApp, en aquellas dos horas y media había logrado juntar más de 300 mensajes. ¿Quién había dicho que ser un adolescente popular era fácil? De pronto su abstención de tabaco comenzó a hacerse notar en su cuerpo, necesitaba fumar con urgencia pero no podía salir con ese estúpido uniforme color verde claro que le habían dado junto con la orden de no sacárselo. Moviendo su pie con nerviosismo, levantó su rostro de la brillante pantalla para ver quien había puesto la cafetera en marcha. Si no podía calmar su cuerpo con el tabaco, tal vez la cafeína era lo suficientemente fuerte como para distraerlo. — ¿Serias tan buena como para servir una taza para mi, preciosa? — Noah realmente creía que con ese tipo de frases se llevaría puesto el mundo… o todas las mujeres, porque eso le interesaba más. Su voz rasposa y sus ojos posándose en la joven que... ¿había entrado recién o no la había visto desde el principio? Imposible que él se hubiera perdido semejante belleza.















