No seremos nunca nada, porque ya lo somos todo. Somos ese instante eterno entre el latido y el suspiro. Sin hablar, somos esas palabras que se desvanecen donde nuestras almas ya se entienden. Sin estar, somos la presencia verdadera que no se mide en distancias. Sin dormir, somos ese sueño que habitamos en el otro. Pero nos sentimos: sin manos, sin tiempo, sin permiso, y con todo el amor que cabe en dos corazones que son Todo.
Un beso con amor











