Conferencia perteneciente al «I encuentro sobre activismo, prensa y libertad de información» —dentro del panel Medios, periodismo y libertad de expresión— organizado por la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información, de la que Mongolia es miembro, el 2 de diciembre de 2014 en Madrid. El texto lo publicó él mismo en la edición digital de Mongolia el 10 de diciembre de 2014. Una más que interesante reflexión sobre el «humor», donde su clasificación como género de ficción le otorga el único límite posible: la imaginación. Destaco su definición del humor como «un juego que propone un maestro de ceremonias, el humorista, y que es compartido por sus lectores», estableciendo un pacto entre ambas partes donde «humorista y lectores pueden jugar a ser re-buenos o a ser re-malos, a ser ingenuos o sádicos, pueden jugar a ser lo que no son… pero que estén jugando a ser algo que no son, no los convierte en el personaje que interpretan en el juego» lejos de toda censura, pues como ya se dijo, la ficción no tiene límites. Es un concepto sumamente relevante, pues no se puede limitar la capacidad de imaginación —y pensamiento, explicado por Andrés Vázquez de Sola en su carta ¡Hola!, Mongolia— al no pertenecer al mundo real, al tangible, aunque sí el acto de recitarlo, y ahí entra el concepto del «contexto», para cuya comprensión se recomienda la lectura de Ni puta gracia (sobre los límites del humor y su contexto), artículo publicado por el mismo Darío en eldiario.es.