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Ruptura millenial en directo:
Desbloquéame 🤡
Parguela
Toi.

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El “tiroteo” más lamentable que he visto en mi vida
Tomate tiene un mensaje para el mongolito del vídeo.
Solo venía a hablar por teléfono.
María se despierta a medianoche en una habitación tan acolchada como putrefacta, trata de buscar a su marido en su cama con poca fortuna. Sus llantos y sollozos alertan a uno de los guardias que abre la habitación para ponerle un somnífero en forma de inyección. Pero ni el más fuerte de los somníferos pudo calmar la desesperación de no poder despertar de aquella horrible pesadilla.
A la mañana siguiente, desde muy temprano, los auxilios de María buscaban la forma de atravesar esa habitación inexorable. Cuando el guardia fue a brindarle el desayuno basado en un huevo mal cocido y un zumo de polvos María trato de explicarle que esto era un error, que ella no debía estar allí, solo venía a hablar por teléfono, por todos los medios María lo intento, pero solo cuando la desgraciada recito el apodo de su marido el mago el guardia le presto real atención.
- ¿Has dicho Trivian el ilusionista?
- Sí, exacto. ¿Lo conoce? – dijo una María esperanzadora.
- Cómo no voy a conocerlo, es uno de los mejores magos del mundo, Lo que me extraña es que lo conozcas alguien como tú y en la situación a la que te enfrentas.
- ¿Y a qué situación me enfrento?
- A la que se enfrentan cualquier persona que duerme en la Última Milla. – respondió con una media sonrisa.
María fue incapaz de soltar una palabra más, sus pensamientos se solapaban alrededor de las últimas palabras de aquel viejo guardia: Última milla. Se quedó pensando durante horas mientras degustaba el líquido sabor del huevo y el sólido sabor del zumo.
Ese mismo día, a la hora de cenar María había preparado bien sus preguntas sobre la Última milla, con la esperanza de que aquel hombre atendiese a sus pensamientos y le diese un teléfono para llamar a su marido y acabar con este malentendido.
Pero eso no ocurrió, apareció un sacerdote con una gran Biblia en la mano derecha y una cruz de madera en la izquierda. El sacerdote se disponía a hablar pero María se adelantó a sus movimientos y le contó toda la historia, desde que el coche se le averió hasta el mismo instante. El sacerdote sin ningún movimiento facial revelador le dice con palabras rudas y claras.
- Señorita, usted no es la primera condenada a la que le otorgo la unción de Dios antes de reunirte con él. No me haga mi trabajo más difícil.
María aturdida le responde que eso es imposible, le ruega un teléfono para contactar con su marido.
- Apunte el nombre de su marido aquí – señalando un pequeño trozo de papel.
- No le aseguro nada – concluyó.
Ella, más agradecida que ninguna le apunta rápidamente el nombre y lo relee antes de dárselo para evitar equivocaciones.
El sacerdote vuelve a los 10 minutos con una carpeta.
- Me ha hecho perder el tiempo con tonterías, ese tal Julián ya no es tu marido –cabreado
- Llevo 6 años casada con Julián López, ¿puede alguien decirme que está pasando? –histérica casi gritando.
El sacerdote se limita a abrir una carpeta con el sello fiscal en el dorso y ponérselo delante a María. En esas fotos estaban 2 niños y un hombre asesinados. Las fotos le resultaban familiares cuanto menos a María pues eran sus hijos y su esposo.
El sacerdote acaba de rezar por su alma, ella recorre la última milla hasta la silla eléctrica.