Personal (over) sensing
Nos encontramos en un contexto donde existen múltiples dispositivos vestibles u ortésicos capaces de aumentar nuestra interacción con el entorno y la auto percepción de nuestro cuerpo. Bajo este escenario, y poniendo atención en los sentidos y receptores de nuestro organismo que nos permiten reaccionar a los estímulos y alertas del ambiente, se abren preguntas interesantes acerca del impacto de estos artefactos en esta tarea.
Todo el mundo tiene claro que vista, oído, gusto, tacto y olfato son los cinco sentidos que nos permiten relacionarnos con nuestro entorno y reaccionar a éste ante ciertos estímulos. Estos receptores, sin embargo, no son los únicos en nuestro organismo. En efecto, solo forman parte de la función exteroceptiva de nuestro cuerpo, es decir, de aquella que recibe los estímulos del exterior. Existen otros receptores con otras funciones que nos permiten responder a sensaciones que se encuentran al interior nuestro. Tal es el caso de las funciones proprioceptiva e interoceptiva.
La propriocepción (o también aceptada propiocepción) refiere la capacidad de nuestro organismo de recibir información acerca del estado, situación y posición corporal a través de receptores en los músculos, tendones, ligamentos y otros. Es acá dónde a nivel inconsciente nuestro cerebro percibe nuestra posición corporal, ubicación espacial, actividad muscular, etc. ¿Estoy de pie, en reposo, ejerciendo fuerza, etc?
La interocepción por su parte, tiene relación con las sensaciones o estímulos provenientes de los órganos internos y vísceras de nuestro organismo. Estos receptores se encuentran normalmente en estado “dormido” hasta que hay un estímulo, anomalía o cambio importante en el estado normal de los órganos. La sensación de sed, hambre, frío, una taquicardia, son sensaciones que se gatillan a partir de estos receptores al detectar una anormalidad en el nivel de agua, de temperatura corporal, de presión sanguínea, etc.
No es novedad el impacto que han tenido artefactos que han buscado aumentar nuestra interacción a nivel exteroceptivo, y aún cuando pueden haber elementos interesantes de estudiar a este nivel, no cabe duda que la tendencia a sobre-sensar nuestro cuerpo a través de accesorios vestibles externos o internos genera oportunidades de preguntas y de estudios. Estos dispositivos capaces de medir sincrónica y ubicuamente nuestra temperatura corporal, ritmo cardiaco, PH de la piel, tensión muscular, actividad cerebral, presión sanguínea, niveles hormonales, respiración, entre muchas otras variables, conlleva finalmente una exteriorización de las funciones interoceptivas y proprioceptivas, haciéndolas presentes y conscientes a las personas que los usan en todo momento y situación.
Es esta evidencia y visualización de las sensaciones que normalmente debieran estar dormidas o inconscientes, el punto interesante a estudiar gatillando una serie de preguntas: ¿Cuál es el impacto que tiene, en la percepción acerca de mi entorno, la sobre-información proveniente de las sensaciones internas que finalmente aumentan esa percepción? ¿Cómo impacta en las experiencias que vivo día a día y las emociones asociadas: miedo, alegría, amor, enojo, tristeza al acompañarlas de un cúmulo de datos biométricos? Tal como ocurre hoy en día con el uso de teléfonos móviles para registrar nuestras experiencias y observarlas de manera mediada (observar un concierto o la primera vez que camina tu hijo a través de la pantalla de tu smartphone mientras lo grabas), el añadir a esa experiencia la evidencia de los latidos del corazón, la temperatura corporal u otro dato biométrico proveniente de nuestro organismo como respuesta a los estímulos que nos entrega esta experiencia, no hacen más que sobre-racionalizarla. ¿Puede la disponibilidad de estos datos en tiempo real y contínuo condicionar mi reacción y respuesta ante un hecho dado del ambiente o en mi interacción con otros? ¿Puede generarse un pre-juicio que impacte en esa interacción y experiencia? Podría ocurrir por ejemplo, que, al enfrentar un entorno desconocido y visualizar luego a través de estos dispositivos sensores, determinadas relaciones de datos que podamos interpretar como “peligro” o “miedo” nuestra reacción ante ese ambiente sea condicionada o prejuiciada para la consecuente toma de decisiones, puesto que aún no existen los estímulos clave o suficientes que gatillen la respuesta lógica del organismo ante un evento que el cerebro define como de cuidado. Otras preguntas pueden ser ¿Si la sensación de sed o hambre se da cuando se ha sobrepasado un umbral en la curva de nivel de agua o nutricional dando una alerta en ese punto específico, que ocurre cuando puedo evitar llegar al límite de alerta al disponer del dato en tiempo real y contínuo? ¿Desaparecerá la sensación de sed si puedo actuar antes? ¿Cognitivamente cómo cambia nuestro cerebro al percibir aumentadamente nuestro contexto y organismo?.
El fenómeno de sensar nuestro organismo y acceder a esa información de manera cotidiana en nuestras actividades y experiencias sin duda puede tener aspectos positivos para controlar aspectos que se asocian entre muchas cosas a monitoreo de nuestra salud o estado físico por ejemplo, sin embargo, quedan espacios críticos de analizar en escenarios donde se sobre-sensan datos e información de nuestro cuerpo que no es “normal” que disponga de manera ubicua y que saturan la percepción que tengo de mi mismo y mi interacción con el ambiente.















