Welcome to Tijuana: tequila, sexo y marihuana.
Dejé a Kitty y Marley arreglando los últimos detalles de nuestra estancia en el hotel Marriot cuando recibà la llave de nuestra habitación. El viaje habÃa sido largo, y yo no deseaba más que tumbarme sobre la cama y ordenar una hamburguesa.  --Al nueve, por favor.-- Sonreà al chico que atendÃa el elevador, y me recosté sobre el pequeño muro metálico, observando el espejo que reflejaba la escena desde arriba.Â
Todo habÃa cambiado; o al menos yo creÃa que lo habÃa hecho. La estancia en Koko Yakata me habÃa hecho madurar y cambiar ciertas actitudes: para esos momentos, era una chica graduada, inteligente, decidida y astuta. Más astuta de lo que habÃa sido en toda mi vida. Además, habÃa conseguido armar un lazo amistoso (y, ¿por qué no decirlo?, curioso) con ese par de chicas que aún se encontraban en la planta baja. Ése paseo era nuestro regalo de graduación.
Tras unos segundos de viaje, estudié el corredor e inmediatamente me giré para guiñar un ojo al apuesto muchacho, que me habÃa observado desde el instante de abordar dicho elevador. Y no lo culpaba; gracias al cálido clima de nuestro destino, utilizaba unos diminutos shorts con una blusa blanca de tirantes, cuyo estampado decÃa "Venice".
Después de que las puertas se cerrasen tras mi espalda, volvà a mirar la pequeña etiqueta que colgaba de la tarjeta, y me detuve frente la puerta 905. --Aquà vamos.-- Abrà sin detenerme a detallar mis expectativas, y de inmediato fui a mojarme el rostro.Â















