Algo, dices. Como si pudiera ser suficiente, como si cualquier razón fuese buena, cualquier motivo razonable y cualquier excusa, necesaria.
Di algo.
Pero no queda nada ya. Con el corazón hecho pedazos y las lágrimas como colgantes alrededor de mi cuello, no tengo nada que decir. Me quedé sin palabras el mismo dÃa que me diste la espalda. La traición no duele menos sin intención, y tú me dejaste en ruinas.
No me pidas más palabras, porque no vale la pena el esfuerzo.














