i put on my grandpa’s gold necklace again. i remember i thought everything went wrong the day i took it off. i don’t know if that’s true or not. is there such thing as fair luck?

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i put on my grandpa’s gold necklace again. i remember i thought everything went wrong the day i took it off. i don’t know if that’s true or not. is there such thing as fair luck?

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La tristeza y el invierno.
Te acostumbras a la tristeza, como te acostumbras al invierno. Incluso llegas a crear un horario que se adapte a ella.
Las horas nocturnas son su momento favorito. Llega de pronto, cuando estás a punto de dormir despuĂ©s de un largo dĂa. Se acuesta a tu lado y comienzas a dar vueltas en la cama, hasta que te cansas de sentirla ahĂ y te giras para quedar frente a ella. La observas. No es imaginaciĂłn, porque la sientes.
Pero por las mañanas también le gusta asomarse por las ventanas cubiertas de neblina. Caminas sobre el pasto lleno de gotas de sereno, mientras ella trae consigo de todo, menos serenidad.
Suele ser inaceptable y, sin embargo, esencial. Y tĂş, como un ser adaptado a su presencia, tambiĂ©n la recibes. La observas moverse por toda la casa, como si viniera de recolecta, llevándose tu energĂa y esparciendo recuerdos por la sala.
Una gris serenidad que regala su compañĂa, como si quisiera que no olvidaras aquello que sostienes allĂ dentro.
melancholic in a blue way. the way the sky is blue when you wake up in june. july too. like a balloon tied to my wrist so i don’t lose it at the fair. red tents and popcorn buckets, i can smell the cinnamon.
i hide in my world because the moon protects each step i take and i hide behind the shadow of the church across the street when it’s 7pm and the sun is setting.
Los vacĂos que me llenan
Los vacĂos que me llenan son aquellos que oculto tras puertas cerradas. Son los que disfrazo con una sonrisa, los que escondo con un "estoy bien", "no pasa nada", "a mĂ me da igual".
Palabras vacĂas y falsas. Flores secas sostenidas por una tierra hĂşmeda, regada por lágrimas que no brotan.
Sin religiĂłn ni creencias de ningĂşn tipo, salvo la certeza de que el dolor es el mejor profesor y de que las heridas no siempre son fĂsicas. Existen cortadas que sangran sin manchar la alfombra, cicatrices invisibles que nadie ve y que, aun asĂ, duelen.
TambiĂ©n existen jardines en medio del desierto, sobreviviendo a medias gracias al rocĂo de la mañana. Tal vez yo sea uno de ellos: una vida que se aferra a permanecer, incluso cuando todo alrededor parece árido.

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Puerta abierta.
He perdido el miedo a que las personas se vayan. Quien se quiera ir, le puedo abrir la puerta; ya no me importa. Me cansé de comprender, de esperar, de soportar, de creer en cosas que no son ni serán. No seguiré creyendo que soy yo el problema. No continuaré castigándome por lo que otros hacen o dejan de hacer. No pagare ni una lagrima más por errores ajenos.
Ha sido suficiente de lo mismo una y otra vez. Ya no sostendrĂ© vĂnculos que solo yo cuido. Tampoco me sostendrĂ© de cuerdas que no sujetan, pero sĂ ahorcan.
No buscaré más lugares seguros ni refugios pasajeros. He comprendido que mi único refugio en la vida soy yo.
La cueva de letras y melodĂas
El alma triste y la esencia alegre: una contradicciĂłn que solo Dios puede entender. Añoro un amor, pero odio el sinsabor que provoca un mal desamor. Aborrezco las palabras vacĂas y falsas de bocas que profesan amor sin sentirlo.
Un ciervo herido que, separado del rebaño, intenta buscar su lugar. Viviendo en una cueva de letras y melodĂas, sanando y muriendo al mismo tiempo. Contradiciendo lo que el mundo exige y siguiendo Ăşnicamente lo que siente.
Un espĂritu perdido que encuentra consuelo en la soledad y en los recuerdos melancĂłlicos de lo que no podrá ser. Almas que viven sin estar, pero que en secreto añoran existir.
Una sutura que no sirve, porque sigue sangrando. Una caĂda que no termina. Una lágrima que no se derrama. Un cafĂ© que se enfrĂa y miradas perdidas hacia la nada. Un vino que aviva el espĂritu y tambiĂ©n algunos traumas.
Acostumbrada a las decepciones.
Después de tantos colores pintados en cielos de mentiras, después de caminar por senderos de falsedad y engaños; después de contemplar las noches más solitarias y las mañanas disfrazadas de una esperanza engañosa.
Después de admirar a la lluvia derramar mis sueños contra el suelo tantas veces. Después de lidiar con demonios ajenos y ser herida por ellos como si fueran propios.
Después de dar besos con sabor a otras bocas y recibir abrazos con aroma a otros brazos. Después de rogar amor y respeto durante años. Después de tener que gritar para ser escuchada.
Poco, muy poco, es lo que realmente me importa.
Porque no se puede destruir a quien ya ha sido masacrada más de una vez.
Después de tanta crueldad, incluso el corazón más puro termina convertido en piedra… una piedra acostumbrada a los golpes.
Como un doctor acostumbrado a la sangre, que mira el dolor como parte natural de la vida. Como un médico forense familiarizado con la muerte y con su doloroso olor.
AsĂ estoy yo:
acostumbrada a la decepciĂłn.