Una estrella, o quizás dos…
Recuerdo, que el día de tú muerte, yo iba a visitarte al hospital. Te llevaba tulipanes (tus favoritos por siempre) y gelatina, que era lo único que tu cuerpo podía digerir. Cuando iba llegando a tú habitación, la 308, empezó a sonar una señal, ¡código rojo!, todos corrían con un carro de reanimación y de repente sentí una punzada en mi corazón y lo supe, habías muerto. No pude despedirme de ti, querida abuela, no pude decirte cuanto te amo por última vez, no pude abrazarte, ni besarte, no pude agradecerte por haberme ayudado a construir la mujer que soy, por haberme enseñado a reír con tanta fuerza y también a llorar sin desesperación, por haberme enseñado a cocinar esa torta de banano tan exquisita, por hacerme una mujer independiente, valiente, por haberme hecho creer en mí y pensar que mis convicciones no son erradas, por haberme hecho creer que soy importante, no pude decirte lo orgullosa que siempre estuve de la mujer que eras y de la mujer en que me habías convertido. Empecé a sentir como si un tormento me arrasase, ¿hacia dónde?, ojalá hacia ti.
Tú funeral, fue una miseria para mi corazón, todos lo sabían, ya no habría otra luz que iluminase el lugar, nos habíamos quedado sin la pieza que proporcionaba el equilibrio hasta en la peor sintonía. Quizá y para todo me habías preparado, pero no para estar sin ti.
Y no solo ese día fue una desolación, el resto de mis días lo fueron. Nada tenía sentido, ni mi carrera, ni mi trabajo, incluso ni preparar esa rica torta, todo era oscuro en mi vida, efectivamente, no había más luz.
Cuando creí haberlo superado, salí a trotar un rato, para despejar mi mente, pasé por el lago en el que nos gustaba meter nuestros pies para refrescarlos después de una caminata con los perros, pasaron unas horas divagando en tu recuerdo, mirando al cielo esas estrellas con su luz tan latente y entonces lo resolví. Tú sigues siendo luz, allí en el cielo, como la estrella más bonita y radiante, y por eso vine a acompañarte, porque sin ti a mi lado, ya no supe de qué otra forma brillar.