El golpe/los golpes de la puerta de su dormitorio lo termina/n de despertar, lo salva/n de continuar observando la vela de su mesa de luz (en compañía de la ruidosa tormenta, está entregado al descubrir si se consumirá antes de que el sueño llegue). En el camino hacia la puerta logra imaginar que hay del otro lado: el rostro de un guardia cansado de pasar algún mensaje que compete a todos los habitantes del palacio, intentando apresurarse a terminar su tarea para darse un descanso. Sin embargo, lo que halla es muy diferente. Y tal vez la sorpresa es visible en su expresión por una fracción de segundo: “Ah, se ve que hoy no duermes...” tras dos segundos adjudica el asombro a algo diferente, el último intercambio por mensajes de texto aún molesta un poco. @meilanic










