emerson-carbry.
Contiene la reacción natural (aprendida después de una ardua capacitación) ante un miembro de la realeza extranjera, que es la de evocar una pequeña reverencia; sólo porque recuerda que el rubio prefiere dejar de lado las formalidades (tema que seguramente no agradaría a sus superiores, pero prefiere no pensar en ello). La presencia del rubio es una que no esperaba ver allí pero que, sin dudarlo, no le molesta. Encuentra interesante la personalidad del príncipe, tan opuesta a la propia, y por supuesto, no puede evitar la curiosidad que trae consigo el ser de un país al que se encuentra, de alguna forma, ligada y apartada al mismo tiempo. —Puedo preparar algo, si tienes hambre,— ofrece sin mucho reparo, a pesar del cansancio. Cocinar siempre ha sido una especie de terapia, por pequeño que este acto fuera. —¿Es muy obvio? ¿Tú también?— inquiere con aire entretenido, volviéndose a apagar el agua hirviendo, para servirla en su taza. —¿Quieres té?—
Atención pronto se fragmentó ante el ofrecimiento, resignándose a ceder. A duras penas conseguía reconocer qué podría prepararse con aquello visualizado frente a él. Enderezándose y cerrando la puerta, se giró a la doncella. “Sólo si no te molesta.” Condicionó; jamás le gustó ser servido más de lo estrictamente necesario, mas por la situación requerirlo, acceder no sería tan agridulce. “Un poco.” Reconoció, aunque si podría servir de consuelo, parecía algo común al resto. “También,” admitió, “me acostumbré a Dubái.” Horarios no tan diferentes de su país natal, resultó sencillo acoplarse al lugar de visita. Muy distinto de lo actual, que nunca tuvo la oportunidad de contar con el conocimiento de la rutina en Illéa. Tampoco imaginó llegar en medio de una situación tan comprometida, si podía ser sincero. “Por favor.” Accedió tras echar un vistazo a sus accionares. “No te hacía como alguien que disfrutara del té.” Comentó, casi sin proponérselo.













