Musgo.
La humanidad se ha impuesto históricamente sobre la naturaleza, y lo que puede constatar esto son las ciudades, las cuales apenas dejan unas cuantas porciones verdes dentro de ellas. Se trata, sin embargo, de una naturaleza intervenida y coartada, confinada ya por el gris rutinario del trabajo, los coches y demás actividades humanas. No obstante, “lo verde” de la naturaleza a veces amenaza también con imponerse: lo podemos ver en edificios abandonados o en el musgo de ciertos pisos. Es una parasitación del parásito lo que ocurre ahí, y siempre me ha impresionado que, en un acto de casi-justicia, la naturaleza recupere lo que le pertenecía previamente.
Así hay ciertas personas: nos aniquilamos mutuamente, nos dejamos y, cuando todo parece perdido, retomamos los lazos bajo una nueva forma ahora que parece hacerle justicia a las cenizas. No importan las embestidas ni los contratiempos que tengamos, sé que estaremos ahí como el musgo que reverdece las paredes de ciertos edificios.














