La cosa empezó más o menos así
Un día cualquiera, sin previo aviso, las cadenas de televisión cortaron su programación a media tarde y el Presidente del Gobierno compareció para explicar a los ciudadanos lo que ocurría.
Bueno, sí. Los pensionistas adictos al Sálvame Tarde, algún niño abandonado frente al televisor, un par de docenas de parados a los que aún no habían cortado la luz... Nadie importante, en definitiva.
De ahí que el único efecto fuera un rumor sordo en los bares de los hogares del pensionista, un crepitar telúrico en los campos de petanca, algún tuitero liberal aullando porque se acababa el mundo, y poco más.
Por eso al día siguiente el Presidente tuvo que recurrir a una medida extrema. Ordenó cortar el Madrid-Barça de esa semana para repetir su mensaje:
--Eshpañolesh y eshpañolash, compareshco hoy aquí... --canturreó sobre los insultos y el griterío que impidieron volver a escuchar las excusas de siempre: que no se puede gastar lo que no se tiene, que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, que había que arrimar el hombro en los tiempos difíciles, etcétera, etcétera--. Y es por eso que este Gobierno, avalado por la legitimidad que otorgan las urnas, de acuerdo con los principales partidos de la oposición y obviamente con el respaldo de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I, ha firmado un acuerdo de colaboración económica con la República Popular China, en virtud del cual no necesitaremos volver a emitir deuda pública ni afrontar sus sucesivos --shucheshivosh-- vencimientos, a cambio simplemente de pasar a ser una nueva provincia china.
Es decir: nos habían vendido.
--Y shin másh dilachión osh preshento a Xu Min-ho, nueshtro nuevo gobernador.
La cámara se giró para enfocar a un chino regordete y afable.
--Glasia camalada Maliano, aunque yo plefielo el título de Comandante Estelal Suplemo --dijo mirando a un lado, antes de dirigirse a los telespectadores--. Españioles todos: hoy es un glan día. No hay motivo de pleocupación. Seguí viendo el fúlbol como si no pasala nada.
Y mientras hacía el saludo vulcano, sonriendo sin parar, se cortó la retransmisión y prosiguió el partido. Como si no pasara nada.