Lunasticio
¿Fue este amor tan especial y tan único como un lunasticio?
¿O fui un espejo, igual y común, como un solsticio?
No me confundas.
Todos somos uno.
Seres equívocos compartiendo un mismo plano, repitiendo patrones como estrellas en verano. Conociendo rostros que despiertan amores que alguna vez creímos haber dejado atrás.
Pero tú... Tú eras diferente.
Humano. Equívoco. Elocuente.
Una estrella de verano, y por tu brillo me habría quedado para siempre en aquel verano de diciembre,
solo para no aprender el nombre de otras constelaciones,
solo para no descubrir más puntos seguidos en el cielo,
y conservar intacto el deseo que nació en mi pecho el día en que apareciste de repente.
Y si tan especial fuiste,
¿era tan injusto creer que, entre millones de deseos, el mío también podía ser elegido?
¿que yo había provocado esa extraña gracia de querer detener el tiempo y vivir eternamente girando en el espiral del momento?
Pero el verano terminó. Y mi deseo se deshizo con él.
La gracia que recibí fue concederte la libertad, y ahora vuelas lejos, hacia otra región del cielo, y yo me pregunto si fui apenas un deseo más, parecido, o si alguna vez estuve cerca del verdadero anhelo de tu corazón.
Porque dime,
¿Qué tan normal es volver a un deseo, a aquello que un día el alma pidió, si cuando lo tuviste entre tus dedos, tal vez tu corazón nunca se quedó?
¿Fue mi recuerdo el causante de que tu camino volviera a cruzar, o fue el recuerdo de aquel antes el que te trajo hasta mí sin mirar?
¿Fui yo la estrella que viste en verano, o solo la luz de otra constelación? ¿Fui el destino que tomó tu mano, o el reflejo de una antigua ilusión?
Porque si en el fondo de tu pensamiento vivía otro nombre, otra dirección, si mi amor fue solo un momento antes de volver a tu verdadera canción, entonces ¿Qué podía hacer yo contra un deseo que nació primero? ¿Cómo luchar contra aquello que quedó guardado en tu alma desde el comienzo?
Porque podría comprar el tiempo, construir una máquina y volver al momento, al día exacto donde nació el sentimiento, al segundo donde cruzamos el cielo.
Pero si debo luchar contra un recuerdo, contra un amor que nunca terminó, contra un deseo que llegó primero, entonces perdí... antes de que el juego comenzó.













